Archivo para Elisabeth Moss

NOSOTROS (Us)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on marzo 17, 2019 by Gonzalo Contreras

EL REFLEJO DEL MAL

Con la mítica secuencia de la ducha de Psicosis, en la que Janet Leigh moría a manos de un Norman Bates poseído por la ira deformada y espectral de su querida madre, Alfred Hitchcock cambió para siempre las reglas inscritas del cine de terror. Sin pretenderlo, o tal vez sí, su obra maestra (junto con la excepcional El fotógrafo del pánico, del mismo año e íntimamente ligada a ella) se convirtió en un presagio de una nueva corriente que todavía tardaría unos años en explotar: atrás quedaban las líneas clásicas de los monstruos de la Universal, la mirada implícita y ambigua de Jacques Tourneur o la supremacía de la Hammer con sus fascinantes renovaciones estéticas y coloristas de la literatura de Shelley y Stoker; por primera vez, el pánico penetraba en los hogares norteamericanos.

El cuarto de baño podía ser el escenario ejemplar para el más atroz de los crímenes, tus amables vecinos miembros de una secta satánica y una carretera secundaria de Estados Unidos el último refugio de una familia de hambrientos caníbales. Divertidamente, una temática tan atípica como el horror se había transformado, gracias a directores como Polanski, Hooper o el comentado Hitch, en una plataforma ideal para la crítica de los pilares que regían el reverenciado y caduco concepto del American Way of Life.

Recogiendo el testigo de estos maestros, y con similares propósitos pero aclimatados a los nuevos tiempos, el cineasta Jordan Peele parece haber encontrado en este género el vehículo perfecto para desglosar, ya sea de forma explícita o con metáforas sutilmente abrasivas, la hipocresía, aversión e histeria colectiva resultantes de la era Trump. Encasillar a NOSOTROS (dudosa traducción del mucho más revelador Us) en la categoría de las sobreexplotadas cintas basadas en los allanamientos de morada (o Home Invasion, como suele ser conocido por los fans de los anglicismos) supondría desechar las múltiples lecturas, sociales y políticas, que presenta esta extraordinaria historia fundamentada en el reverso tenebroso que habita en la sociedad contemporánea. Nuevamente, el Mal se presenta como un ente desmembrado, puramente humano, apaciguado en las sombras a la espera de ejecutar su golpe de gracia.

De este modo, el director amplía los argumentos de denuncia matizados en su anterior película, la multipremiada Déjame Salir, mejorando el discurso gracias a la solidez de los valores cinematográficos que la acompañan: al brillante trabajo interpretativo del reparto y la excelsa planificación escénica, compuesta por imágenes de enorme calado icónico (todas las que acontecen en la mansión del personaje de Elisabeth Moss, especialmente las protagonizadas por unas hermanas gemelas salidas del averno), se le une su arriesgada y meritoria composición de influencias audiovisuales y literarias (incluyendo destellos de la imaginería de Lewis Carroll y los mundos subterráneos de Alicia a través del espejo), funcionando magistralmente como antesala de la futura y esperadísima actualización, emprendida por el propio Peele, de la visionaria serie de televisión La dimensión desconocida.

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THE SQUARE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , on noviembre 6, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS REYES DE LA SELVA

Entre copas alzadas, noches de juerga finalizadas con el resplandor del sol reflectando en el logotipo de Martini y turistas fulminados bajo el Síndrome de Stendhal, el escritor Jeff Gambardella asumía, en La Gran belleza, la batuta de maestro de ceremonias haciéndonos un recorrido por los más selectos rincones de la Italia heredada de Berlusconi. La Cara A presentaba la excentricidad que reina en estos nuevos ambientes cortesanos, dominados por mundanos felices consigo mismos por el simple hecho de existir y embriagados por el dinero, los narcóticos y la necesidad de capturar la juventud eterna. La Cara B, como contraposición, mostraba sus verdaderas caras, demacradas por la desesperación, los anhelos y los excesos de unas vidas marcadas por la hipocresía y el desenfreno. Para Sorrentino, en la Ciudad Eterna no hay cabida para aquellos que no pertenezcan a la Jet Set. Roma es por y para ellos. Para las clases pudientes. Para los reyes de la noche.

Con idénticos acordes musicales, parecida narración en forma de alargadísimos sketches y acentuando el nivel de acidez, el cineasta Ruben Östlund bucea, de un modo más sobrio y menos retórico, en el esnobismo y los falsos eruditos que asolan a la burguesía sueca en la excelente THE SQUARE, flamante ganadora de la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. Una burguesía (capitaneada por el desconocido actor Claes Bang, magnífico como ilustre -e ignorante- publicista) asqueada con aquellos que no pertenecen al gremio, que humilla a los inmigrantes que aguardan debajo de sus ostentosos hogares y ahoga sus penas en el alcohol y en pomposas cenas de etiqueta. Sus insignes componentes se creen, como afirmaba Sorrentino en su obra maestra, los amos y dueños del mundo. Y como genial telón de fondo, Östlund sitúa a los personajes en el epicentro de un museo de esculturas contemporáneas, lugar en el que un simple montón de sillas apiladas o unos montículos de tierra son considerados reflejo de la máxima expresión artística. Un arte vacuo, absurdo y vergonzante. Como sus propias vidas.

Eso sí, lejos de sopesar el dramatismo de su argumento, el director decora semejante vodevil con toneladas de malicia, sarcasmo y comicidad, a veces desternillante y abierta al gran público (el episodio del Síndrome de Tourette, impagable), otras salvaje y negrísima como el carbón (la escenificación del rey de la selva, icónico momento y culminación de las intenciones propuestas por el film). Tan indomable como insolente, esta formidable crítica a la pseudointelectualidad, el postureo y la sociedad del consumo, no apta para todos los paladares, confirma al cineasta de la también admirable Fuerza Mayor como uno de los autores más personales, mordaces e interesantes del panorama cinematográfico europeo. Y por muchos y diversos motivos (y a cada cual más noble).

HIGH-RISE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 12, 2016 by Gonzalo Contreras

HighRise

Aclamada en los pasados festivales de Toronto y San Sebastián (no así en la Muestra Syfy de Cine Fantástico, en donde no pocos espectadores huyeron despavoridos ante semejante espectáculo), HIGH-RISE pertenece a ese grupo de películas admiradas y reverenciadas por pequeños grupos de cinéfilos que no sólo me dejan indiferente, sino perplejo ante unos elogios que mi cerebro no llega a procesar. Los más entusiastas aseguran que, para descifrar las entrañas de su profundidad y riqueza conceptual, primero deberíamos acercamos a las páginas que dan forma a la cinta, basada en la novela Rascacielos del escritor J. C. Ballard. Una afirmación que no deja de ser la prueba fehaciente de que, en su traslación cinematográfica, algo se ha hecho rematadamente mal si para entender la dimensión del relato narrado es necesario acudir al material de fábrica. Porque lo que, supuestamente, en papel resulta brillante y embriagador, en pantalla se convierte en uno de los mayores despropósitos de los últimos años.

high rise 2Convencido hasta el extremo de estar confeccionando el último gran clásico de culto del cine contemporáneo, el director Ben Wheatley, defensor de la imagen frente a la palabra, juega a ser Cronenberg (la exaltación de la escabrosidad) y Kubrick (la simetría de los planos y el juego de luces) sin capturar ni pizca del talento de ambos cineastas. Incluso, se atreve a emular a Sorrentino en su búsqueda del encuadre más exquisito roto por una música que desentone con la instantánea presentada (en este caso, haciendo uso de una pegajosa nueva versión del S.O.S de Abba). Paradójicamente, olvida lo más importante: cuidar una narrativa que se torna caótica y pretenciosa, presentando unos personajes involutivos, carentes del menor interés (su enajenación parece venir más de nacimiento que de la lucha de clases), y un enfoque falsamente críptico que le permite presumir de una filosofía reservada a paladares intelectuales. Bien por ellos. Eso sí, hay que admitir su eficacia como anuncio de colonia a mayor gloria de su protagonista, el británico Tom Hiddleston. Seguro que más una empresa toma nota para la próxima campaña navideña.