Archivo para Elizabeth Debicki

VIUDAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , on noviembre 29, 2018 by Gonzalo Contreras

CUATRO MUJERES Y UN DESTINO

Cuatro películas componen la carrera del reconocido director Steve McQueen. Cuatro películas bendecidas por la crítica, brillantes a nivel técnico, trufadas de sugerentes ideas en donde el cómo importa más que el contenido mismo de las cintas. Hunger, además de descubrir el inmenso talento de Michael Fassbender, supuso una carta de presentación modélica, durísima en sus ambiciones, plausible en su ruptura con los aspavientos propios de una ópera prima. Shame, su mejor trabajo con diferencia, confirmó su valía como cineasta, adentrándonos en un descenso a los infiernos sin moralejas ni redenciones de terribles consecuencias. Los premios llegaron de la mano de su Pasión fílmica Doce años de esclavitud, un buen trabajo, quizá algo sobrevalorado, tan apabullante en términos cinematográficos como extenuante en lo personal.

VIUDAS constata la profesionalidad audiovisual de uno de los directores más interesantes del panorama actual. Y eso que lo que cuenta no es nada nuevo. La historia, basada en una miniserie británica de 1983 en la que cuatro mujeres deciden unirse para saldar las deudas heredadas de sus difuntos maridos, criminales sin escrúpulos en el pasado, la hemos visto cientos de veces en papel, tanto en su aproximación al cine de autor como en vertientes mucho mas comerciales. Tampoco sus personajes rezuman un encanto particular. Lo que cambia, gracias a la magnífica director de McQueen, es el tono, la forma, la estupenda narrativa con la que está filmada. Y por supuesto sus actrices, todas arrebatadoras, todas formidables, en especial una Viola Davis pletórica, capaz de otorgar una nueva dimensión al relato contado.

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MACBETH

Posted in Críticas (Estrenos), Próximamente with tags , , , , , , , , , , , , , , on diciembre 24, 2015 by Gonzalo Contreras

REVISIONANDO A SHAKESPEARE

macbeth

Hay que reconocer el riesgo que conlleva, a estas alturas de la cinematografía, realizar una versión del inmortal Macbeth de William Shakespeare con unas aspiraciones dignas de permanecer en el recuerdo del gran público. A la cantidad de películas adaptadas libremente del relato, en verdad incalculables, hay que añadir aquellas selladas por algunos de los más grandes artesanos del cine. Desde Welles y su expresionista composición, pasando por la hipnótica y feudal de Kurosawa o la violenta visión de Polanski, estallido cinematográfico del dolor ocasionado por el asesinato de su mujer Sharon Tate, todas ellas destacan por resumir, a su manera pero de forma impecable, los intereses y propósitos de la obra del dramaturgo inglés.

Amacbeth 2 esta honrosa lista se suma la propuesta que nos ocupa. MACBETH se estrena con honores en el nuevo siglo (en el 2006 hubo un producción australiana de ínfima calidad) de la mano de Justin Kurzel, un director casi debutante pero con ideas sumamente atractivas. Sin perder las notas teatrales, perfectamente ensambladas al modelo cinematográfico, así como la fidelidad al texto original, se deja la piel ensalzando los dos pilares que engrandecen esta nueva revisión: la ambientación y las interpretaciones.

Ideada, quizá, como la resurrección definitiva de la inmortal tragedia, con unas pretensiones que recuerdan a las abarcadas por Coppola en su excelsa Drácula, Kurzel se luce en las escenas panorámicas. Con un fascinante estilo visual y cromático, acorde con las tendencias actuales en las que la sangre salpica el mismísimo patio de butacas, el cineasta otorga a las campiñas escocesas toda la naturaleza fantasmagórica y lúgubre que respiran las páginas de Shakespeare, inundándolas de frondosas brumas, cielos enrojecidos y seres espectrales, con especial mención a las Hermanas Fatídicas aquí representadas como jóvenes pulcras, casi virginales, nada que ver con el rostro decrépito de otras adaptaciones. Y en cuanto a los terrenales, Fassbender y Cotillard están deslumbrantes. Poseedores de una química aplastante, evidente en la escena de sexo en la que planean la ejecución del monarca, proyectan en cada plano el espíritu mefistofélico de dolor, ambición y destrucción que entrañan sus personajes. El Mal en estado puro. Como diría el poeta John Milton, “más vale reinar en el infierno, que servir en el cielo”.

EVEREST

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on septiembre 18, 2015 by Gonzalo Contreras

FRÍA COMO EL HIELO

everest

A raíz del desproporcionado éxito de Aeropuerto de George Seaton (llegó a estar nominada al Óscar a la mejor película en 1970), Hollywood asentó sobre sus cimientos un género que, si bien no era nuevo en el panorama cinematográfico, no había tenido hasta entonces una repercusión tan clara entre el gran público: el cine de catástrofes. Aunque algunas de estas propuestas ofrecieron calidad en el sentido más amplio de la palabra (El coloso en llamas, sin ir más lejos), lo cierto es que la mayoría, posiblemente las más representativas (véanse Terremoto o los aeropuertos posteriores), se convirtieron en productos mediocres de escasa creatividad, adornados por un desfile imposible de grandes estrellas, muchas de ellas viejas glorias desterradas al olvido, y sin más afán que el de inflar las cuentas de las productoras implicadas.

everest 2Pese a contar con mejores intenciones y apostar por un relato consistente, en EVEREST habitan algunos de los defectos más notorios del inefable revival setentero. Sorprende, y mucho, que en una crónica épica como la que se nos cuenta falte, paradójicamente, toneladas de épica y tensión, prefiriendo apostar por la comentada sucesión de cameos, a cada cual más innecesario (lo de Robin Wright y Keira Knigthley es desconcertante), y por una presentación excesiva y enredada de los personajes que componen la expedición. Durante más de tres cuartos de hora esperas impaciente que la acción aparezca, que la montaña se convierta en la verdadera protagonista y descargue toda su furia prometida. Cuando esto acontece sólo se cumple un deseo: los efectos visuales, auténticos anfitriones, resultan apabullantes. Eso sí, por desgracia la película comete un último error más sangrante si cabe que los anteriores: la emoción, tan demandada desde el comienzo, se confunde con el dramatismo más lacrimógeno. E indigesto.