Archivo para Ewan McGregor

CHRISTOPHER ROBIN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on octubre 4, 2018 by Gonzalo Contreras

DESCUBRIENDO EL BOSQUE DE LOS CIEN ACRES

A pesar de estar considerado como uno de los largometrajes menos afortunados de la filmografía de Steven Spielberg, Hook reunía muchas de las ambiciones plásticas de un cineasta aquejado, para felicidad de tantos cinéfilos, del síndrome de Peter Pan: ampliando el universo diseñado por J. M. Barrie en la obra original, la película proponía un sugerente juego de espejos en donde observábamos cómo el personaje principal, adulto y abogado de profesión a jornada completa, había olvidado el mundo de sirenas, piratas y hadas que marcó su niñez. Lo que podría haber sido una de sus grandes obras, pletórica a la hora de exaltar los valores tradicionales de la familia, se echaba a perder por varios factores mal manejados por el propio director: el histrionismo de los actores, dueños y señores de una función que no les pertenecía, un guion escaso de química y limitado por secuencias de relleno (el partido de béisbol) y una duración desatada en relación a la historia contada.

A CHRISTOPHER ROBIN (con la que comparte infinidad de puntos en común) le pasa algo parecido. La película, relato sobre el feliz reencuentro del susodicho Christopher con su inseparable osito Winnie the Pooh, goza de potencial conceptual y artístico, pero queda perjudicada por dos frentes claros: la desaprovechada presencia del actor Ewan McGregor, incómodo en un papel excesivo y desangelado, y la poca empatía que despierta el tan querido muñeco protagonista. Por mucho que sea el juguete favorito de tantos de nuestros infantes, por más que su aspecto afable resulte dulce y adorable, el peluche de felpa no posee carisma alguno. De hecho, y esto le ocurre también a sus amigos del Bosque de los Cien Acres, su apariencia física repele en su traslación a imagen real.

No obstante, eso no significa que estemos ante un trabajo desdeñable. Además de captar la bondad y los buenos sentimientos de los relatos originales, Marc Foster, su director y artífice de magníficos largometrajes (Cometas en el cielo, Monster´s Ball), proporciona algunos detalles urdidos con cierto encanto (el globo adherido al vagón del tren) y un bellísimo diseño de producción (ese Londres envuelto en niebla y recorrido por sus evocadores autobuses), siguiendo la estela marcada por el propio realizador en la infinitamente superior Descubriendo nunca jamás. Pero mientras en aquella todo era emoción y ternura, en este trabajo nada brilla más allá del academicismo impreso, echándose en falta un tono menos grisáceo y desolador. Finalmente, el film, de público indefinible, con oscuros pasajes complicados para los niños y trazos demasiado infantiloides para los adultos, carece de un elemento fundamental en todo cuento que se precie: verdadero aliento mágico.

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AMERICAN PASTORAL

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on junio 9, 2017 by Gonzalo Contreras

ADIÓS, QUERIDA AMÉRICA

Su traducción en países latinoamericanos no deja margen de duda: AMERICAN PASTORAL, primer trabajo como director de Ewan McGregor es, efectivamente, una crónica más sobre el fin del sueño americano. El American way of life, tan endiosado en los añorados años cincuenta, queda reducido a cenizas en un film que juega a enaltecer, de forma astuta y nauseabunda, los ideales y ambiciones propios de este concepto, presentándonos a una pareja bendecida, cual reyes del baile de graduación, con los mejores dones (él, brillante hombre de negocios y héroe por su pasado deportivo; ella, flamante y envidiada belleza local) y cuyo paraíso de verdes parajes y tardes de campo se derrumba por el talante problemático de su única hija aquejada, además, de un severo Complejo de Edipo.

A pesar de la falta de riesgo habitual en una ópera prima, McGregor imprime carácter y un contundente pulso narrativo sorteando hábilmente los tintes sórdidos de una cinta que, en otras manos, podría haber derivado en un melodrama de amplias desviaciones folletinescas. Su enorme dureza psicológica, la sutileza (perturba más por lo que da a entender que por lo que muestra) y el buen trabajo de su elenco, principalmente de una irresistiblemente desquiciada Jennifer Connelly, componen un producto final imperfecto, sí, pero poseedor de los aciertos suficientes como para rasgar conciencias y nuestros ideales más personales.

Su mayor lastre reside en la comparación con la obra literaria, firmada por la sugestiva y afilada pluma de Phillip Roth. Más esclarecedora y determinante en la unión de la tragedia familiar con su contexto histórico, potencia, hasta extremos sublimes, el gran acierto de su adaptación: la devastadora desmitificación social y moral de los convulsos años sesenta. Representados casi siempre bajo una aureola de felicidad y aires libertarios, el relato no duda en mostrar, en carne viva y sin tiritas, las heridas psicológicas de aquella época a través de los llamados hijos del baby boom, niñatos malcriados, egocéntricos y con aspiraciones de andar por casa seducidos por sectas pseudopacifistas origen, con el tiempo, de la consumación final de la América de los sueños y oportunidades acariciada por sus progenitores.

LA BELLA Y LA BESTIA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on marzo 14, 2017 by Gonzalo Contreras

IMITANDO LO INIMITABLE

Con mucho descaro y poco sentido del ridículo, el director Gus Van Sant se atrevió a elaborar, en 1998, un remake de la mítica Psicosis, posiblemente la película de suspense más sublime de la historia del séptimo arte y pieza clave para entender los estandartes del terror coetáneo. No se trataba de un homenaje realizado por un entusiasta convencido; tampoco, de una nueva adaptación acorde con los tiempos actuales. La intención era reproducir, plano a plano, el celuloide proyectado por el mago del suspense cuarenta años atrás con el uso del color como un único aliciente justificable. Curiosamente, y a pesar de tratarse de una fotocopia textual del clásico, las diferencias artísticas eran abismales: lo que en la cinta de Hitchcock era fatalismo, innovación y dominio visual, en la de Van Sant se tradujo en desfachatez, tedio y vulgaridad. Los misterios del cine, señores.

Imagino que muchos se estarán preguntado qué tiene que ver semejante paralelismo con una historia de hechizos, príncipes encantados y melodías intencionadamente endulzadas. Al igual que la producción de Vant Sant, LA BELLA Y LA BESTIA (2017) nace con el propósito de duplicar, punto por punto, los logros de una película mayor, en este caso el fascinante y oscarizado largometraje de 1991, considerado por muchos buque insignia (con permiso de la también imprescindible El rey León) de la animación disneyiana de los años noventa. Y lo hace, ya se imaginarán, de la peor manera posible: limitándose a calcar milimétricamente sus imágenes (con la única excusa de trasladar la orfebrería animada a imagen real) sin imprimir la magia visceral de antaño.

A diferencia de la pieza original, esta película carece de alma, corazón. Es puro plagio, puro sinsentido. Todo los detalles que funcionaban en aquella, con esos colores limpios y afrancesados y esos trazos pictóricos propios del dibujo tradicional, quedan reducidos a un ejercicio nostálgico de piezas kitchs tan desfasado e irrespetuoso como redundante. Solo hace falta contemplar dos secuencias para constatar el desastre: la escena de abertura, narración de los orígenes de la bestia, en la primera visualizada como un collage de enigmáticas vidrieras y aquí convertida en una danza de máscaras oda al ya cansino multiculturalismo, y el baile en el gran salón, ausente de cualquier atisbo de virtuosismo técnico. Eso sí, no desesperen. Si de verdad quieren disfrutar de una versión humana en condiciones, acudan a la de 1946 y déjense llevar por la valentía onírica de Jean Cocteau. Esa sí que es una obra monumental.