Archivo para François Ozon

EL AMANTE DOBLE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on septiembre 5, 2017 by Gonzalo Contreras

MI OTRO YO

El juego de las falsas identidades y apariencias calcadas sirvieron a Hitchcock para tejer, en 1958, su obra maestra Vértigo, inusual y onírico cuento de fantasmas terrenales que reflexionaba sobre la idealización del amor y la búsqueda de la perfección, casi siempre inexistente, del objeto de fascinación. Años después, su mal llamado imitador Brian de Palma aportó en trabajos como Hermanas o Fascinación nuevas lecturas a esta enfermiza idea, llevándolo a unas cotas de abstracción y demencia (a veces para bien, otras para mal) inexploradas por el director británico. Cualidad que, ya en los años ochenta, también caracterizó al David Cronenberg de la imprescindible Inseparables, agudizando, con su provocativa doctrina del sexo y sus punzantes herramientas quirúrgicas, el nivel de truculencia e inquietud.

Estas tres referencias cinematográficas no han sido citadas por casualidad. Después de mostrar su sensibilidad y el brillante manejo de los estandartes del romanticismo en Frantz, François Ozon retoma en EL AMANTE DOBLE sus preferencias por los ambientes malsanos y la exaltación de la turbiedad dentro de marcos aparentemente apacibles. Desde su estética setentera, agudizada por la explotación del teleobjetivo, los juegos de espejos y evocadores planos simétricos, la agorafobia de sus múltiples espacios abiertos (las escenas desérticas en el museo, propias de De entre los muertos o, en su defecto, del inicio de la irresistiblemente kitsch Vestida para matar) y la utilización de la split creen, recurso que potencia el espíritu voyeur del que hace gala la función, todo el universo presentado en esta intrincadísimo relato de placeres prohibidos y desdoblamientos de personalidad, ejecutado con la consabida elegancia del realizador francés, evoca a la mente de los grandes artesanos del suspense, principalmente al De Palma más romántico, descontrolado y escurridizo. Ahora bien, como no podía ser de otra manera, en este homenaje Ozon no deja pasar la oportunidad de plasmar su sello personal, visible en la afiladísima construcción de su personaje femenino (interpretado por una radiante y magnética Marine Vacth), la ambigüedad de su erotismo y en la ironía cinéfila subrayada en algunas delirantes líneas de guion (una manada de gatos disecados, por ejemplo, rememora los tétricos pájaros que asolaban la oficina de Norman Bates en Psicosis).

Atrevida y desasosegante a partes iguales, comparte, además, el tema conclusivo de la mayoría de estas producciones, llámense Vértigo, Fascinación o Inseparables: la pasión enfermiza como epicentro de la locura. Olvídense del sentido y la coherencia; a Ozon no le importa la lógica, sino la emoción más incómoda y retorcida. Para arañar sus extraordinarias virtudes es imprescindible dejarse llevar por los giros narrativos ideados por el director. En su irregularidad, en sus recovecos jamás descifrados, se encuentra el poder de su hipnótica atracción.

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FRANTZ

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on diciembre 28, 2016 by Gonzalo Contreras

EL CORAZÓN DELATOR

Frantz

A Ernst Lubitsch, maestro de la comedia sofisticada, le ocurre lo mismo que a los grandes artesanos del cine, apellídense Hitchcock, Ford o Wilder: es tal el número de obras sublimes que habitan en su filmografía que, lamentablemente, resulta lógico que alguna pieza maestra, casi siempre alejada de su género predilecto, incomprendida en su momento pero de incalculable valor en la actualidad, haya quedado relegada al olvido. Una de ellas es Remordimiento (The broken Lullaby, 1933), magistral alegato pacifista protagonizado por Lionel Barrymore, Phillips Holmes y Nancy Carroll en donde las llagas y heridas provocadas por la guerra, la Gran Guerra, sangraban tiempo después del fatídico episodio.

frantzConocedor del goloso y fascinante planteamiento de la historia, el cineasta François Ozon rescata en la majestuosa FRANTZ los detalles más sabrosos de aquella, diálogos literales incluidos, ampliando espléndida y refinadamente el abanico de subtramas (el auge conspirativo del totalitarismo en las villas rurales de Alemania, la construcción de la mentira como forma de apalear el dolor) e incidiendo en la ambigüedad del romance más que en la denuncia belicista.

Como en Rebeca, la persona que da título al film, solo mostrada en un par de secuencias oníricas, se convierte en una presencia fantasmal omnipresente que va marcando el devenir de los personajes principales a lo largo de todo el relato. En ella se fraguan las preguntas que reflexionan sobre la culpabilidad, el arrepentimiento y la redención, pero también las respuestas (narrativamente descifradas con un logradísimo juego fotográfico) que llevan a una nueva esperanza trazada en el más puro y nítido de los colores.