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GREEN BOOK

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on enero 31, 2019 by Gonzalo Contreras

DOS EN LA CARRETERA

Mucho se está comparando a GREEN BOOK con la mítica cinta de Bruce Beresford Paseando a Miss Daisy: ambas están protagonizadas por individuos de distinta raza y rango social, iniciándose su relación, en los primeros minutos de metraje, con más roces que afectos; uno de ellos actúa como chófer del otro, abrazando con ello el subgénero de las road movies; las dos, desde un tratamiento puramente cálido y liviano, constituyen un contundente alegato antirracista y, sobre todo, un canto a la amistad perpetua.

Solo dos cosas las diferencian: por un lado, el cambio de roles de sus personajes principales, mucho más jugoso y sorprendente en la pieza que nos ocupa; por otro, la calidad del conjunto final. Mientras el film protagonizado por Jessica Tandy y Morgan Freeman, uno de los casos más injustos de Oscar a mejor película de los años ochenta (por ahí andaban El club de los poetas muertos y Nacido el 4 de julio), pecaba de dulzura y teatralidad, el aquí presente desborda una elegancia y una vitalidad a prueba de bombas, convirtiéndose en una de las propuestas más estimulantes de cara a premios venideros.

Primer trabajo en solitario de Peter Farrelly, faraón de la escatología y la irreverencia fílmica gracias a títulos como Dos tontos muy tontos o la divertidísima (al menos en los noventa) Algo pasa con Mary, Green Book no esconde en ninguno momentos la efectividad ni los mecanismos emocionales que interactúan en su libreto. Más bien todo lo contrario. Sí, es una feel good movie cuyas máximas aspiraciones se encuentran en arrancar por igual risas y lágrimas en el gran público, pero hacía muchos años que un largometraje de este embalaje no aunaba con tanta solidez comercialidad y artesanía narrativa. Porque si bien es cierto que no se puede negar su identidad como producto de masas, tampoco se pueden ignorar las extraordinarias virtudes cinematográficas que lo conforman, comandadas por la innegable química existente entre Viggo Mortensen y un apoteósico Mahershala Ali, imbatible en su lucha por el Oscar a mejor actor secundario.

Filmada con una magnífica fotografía que recoge las diferentes tonalidades de los estados americanos por los que discurre el relato, pletórica de inolvidables éxitos musicales de la época y de escenas de gran impacto visual (aquella en la que el personaje de Ali contempla a varios esclavos recogiendo algodón), la cinta abraza la nostalgia del clasicismo alejándose, con enorme acierto, de las corrientes afroamericanas actuales en la cinematografía yanqui, muy aplaudidas por ciertos sectores críticos pero con un discurso reivindicativo de dudosa moralidad. Echen un ojo a cualquier producción de Lee Daniels o Nate Parker y entenderán qué quiero decir.