Archivo para Harvey Keitel

LA JUVENTUD (Youth)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on enero 21, 2016 by Gonzalo Contreras

EN BUSCA DE LA BELLEZA

juventud

Es difícil expresar el cine de Paolo Sorrentino con palabras que describan la inmensa cantidad de sentimientos y sensaciones que en él habitan. Constructor de un universo propio, claramente identificable, e influencia en nuevas generaciones de realizadores, posee la virtud de convertir la imagen en el concepto gráfico de todo aquello que quiere contar y transmitir, provocando en el espectador la conmoción más sincera y plausible. De hecho, puede que, como si de un mensaje en clave se tratase, él mismo haya mostrado las intenciones de su obra a través del turista que, al comienzo de La gran belleza, cae fulminado víctima del Síndrome de Stendhal ante el imponente paisaje que le rodea; esa emoción, ese éxtasis de placer, es la meta cinematográfica del italiano: contagiar al espectador de la perfección más real e intensa, aquella que aprecia la vista y, principalmente, la que habita en la memoria de sus personajes.

Por supuesto,Juventud Sorrentino sigue buscando la gran belleza en LA JUVENTUD. Tiene un talento tan inmenso que es capaz de encontrarla tanto en los parajes que rodean el balneario de la película, una especie de hotel Budapest morado por viejas glorias ya retiradas, como en los movimientos corporales de una joven incondicional de los videojuegos. Y de ejemplificar el paso del tiempo con un simple movimiento de catalejo. Los protagonistas, unos envejecidísimos (y excepcionales) Michael Caine y Harvey Keitel, director de orquesta y cine respectivamente, rememoran sus años dorados mientras contemplan el entorno que gira a su alrededor. Juegan a pronosticar futuros y primerizos romances, debaten sobre los motivos que hacen que dos amantes se sientan como verdaderos extraños, se sorprenden ante el deterioro físico de admiradas leyendas del deporte y quedan fascinados por la presencia afrodisíaca de una modelo emergente. Pero a todos les une un anhelo común: la juventud. Una juventud añorada, perdida ante el devenir de la naturaleza o destruida por la factura de los excesos.

Emulando a su amado Fellini, el cineasta encuentra un último refugio para estos soñadores: los propios recuerdos. Tras un torrente de imágenes cristalinas, de hipnóticos encuadres, en donde nada ni nadie es gratuito, demuestra nuevamente ser un romántico empedernido al convertir el amor, el más puro y honesto, en epicentro de la creación más sublime. Y claro, las emociones destiladas sólo pueden compararse con las producidas en su obra maestra. Como en aquélla, hay verdad, hay sentimiento, pervive el gran cine. Y también, un final que descubre, a golpe de batuta, las respuestas necesarias para entender el espíritu evocador y catártico que impregna la función. Escuchen la letra o, en su defecto, lean los subtítulos; en ella se encuentra el secreto de esta bellísima película.

EL GRAN HOTEL BUDAPEST

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on marzo 20, 2014 by Gonzalo Contreras

GRAND HOTEL

BUDAPEST 3

En un momento concreto de la maravillosa e incomprendida Días de Radio de Woody Allen, varios de los personajes claves del film subían a la azotea de un antiguo edificio para festejar el año nuevo. Almas en el olvido, algunas desprestigiadas, otras corrompidas, se reunían como espectros en la noche rememorando sus vidas pasadas, marcadas por los días de vino y rosas.

BUDAPEST 2Con muy diferente estilo y forma, pero con una misma intención claramente evocadora, Wes Anderson recrea en esta particular e imaginativa cinta una nostálgica estampa de un tiempo perdido en el propio tiempo, formado por singulares personajes partícipes de una última y memorable aventura antes de que los totalitarismos destruyan su idílico mundo, construido a golpe de saber estar, gusto y distinción. Todo bajo la personalísima batuta del director, cuyo estilo se perfila y consolida en esta obra, de impresionante factura técnica. Probablemente, la más abierta y directa al público mayoritario.

BUDAPEST 5Admiradores y detractores aparte, no cabe duda de que Anderson es un verdadero creador. Ha sabido desarrollar un universo propio, inconfundible, en donde melancolía y comedia se estrechan fuertemente la mano. Todas sus constantes se dan cita en el enigmático Budapest: relatos episódicos entrelazados, perfectos encuadres, ritmo endiablado, zooms y frenéticos travellings. No obstante, ninguno de estos elementos destacaría si no fuera por la capacidad de fabulación del cineasta estadounidense. Inculca, como no lo había conseguido hasta ahora, un certero equilibrio entre lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. Rescata hábilmente la esencia del cartoon y del cine clásico mudo, principalmente cuando los equívocos hacen acto de presencia, y dota de especial carisma a la hilera de inquilinos que habitan el hotel, empezando por un Ralph Fiennes en estado de gracia, brillante como conserje de profesión y amante en horas festivas.
De esta forma, consigue su obra más firme y rompedora.  El Gran Hotel se define como una alegoría de la Belle Époque y los fantasmas que la poblaban, un pequeño refugio que se resiste a desaparecer ante la decadencia visible de los nuevos tiempos.