Archivo para Jackie Earle Haley

ALITA: ÁNGEL DE COMBATE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on febrero 11, 2019 by Gonzalo Contreras

ENTRETENIMIENTO DE CALIDAD

A Robert Rodriguez siempre se le ha considerado, en términos audiovisuales, el hermano menor de su gran amigo y cómplice de torturas Quentin Tarantino. Ambos comparten un entusiasmo irrefrenable por la violencia bañada con grandes dosis de hemoglobina y por implantar, en cada uno de sus trabajos, el aroma de la serie B y del celuloide matinée que tantas alegrías les proporcionaron en sus años de juventud. No obstante, mientras Tarantino es vitoreado por la crítica especializada, reverenciándose sus proyectos incluso antes de ser expuestos a los espectadores, el director de Abierto hasta el amanecer ha quedado relegado a un cine menor, mucho más plano y servicial con el público de masas y en donde apenas hay cabida para algo más que el mero entretenimiento esporádico, ya sea en sus producciones de los noventa (la descacharrante Desperado, la envejecidísima The faculty) o en sus inclasificables acercamientos al cine juvenil (Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl).

De ahí que sorprenda lo bien que funciona su ultimo invento, ALITA: ÁNGEL DE COMBATE, un blockbuster bendecido, a nivel ejecutivo y de guion, por la mano maestra del todopoderoso James Cameron. Siguiendo la estela de epopeyas como Ghost in the Shell, con la que comparte no pocos puntos en común, y dejándose empapar por la ambientación decadente de Blade Runner y sucedáneos del cyberpunk, el film propone una aventura futurista bien escrita y mejor realizada, agradecidísima en sus pasajes más oscuros, propios de la mente calenturienta del realizador, y sólida en su naturaleza de relato inscrito en la categoría de “presentación de personajes”. La sombra de historietas similares de carácter apocalíptico para chavales es alargada, pero gracias a los asombrosos efectos visuales, marca de la casa Cameron, y a la ejecución de algunas secuencias (principalmente la del juego de Motorball, una variante de Rollerball brillantemente coreografiada), el largometraje adquiere un empaque de cierta personalidad y madurez, dejándose entrever ciertas notas de autor pocas veces visibles en las narraciones de Rodriguez.

Pero por encima de todo prevalece el carisma de su estrella principal. Como ya ocurriera con el personaje de la doctora Aki Ross en Final Fantasy: la fuerza interior, una de propuestas más fascinantes y, ridículamente, ignoradas del cine de animación coetáneo, el carácter decidido, intrépido y puro de Alita, alias Rosa Salazar y heroína de este manga, otorga una dimensión de mayor calado emocional a esta reinvidicable distopía cinematográfica. Quizá no memorable, pero sí lo suficientemente seductora y efectiva.

LA TORRE OSCURA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on agosto 17, 2017 by Gonzalo Contreras

EDIFICACIONES INESTABLES

Autor de algunas de las obras más importantes de la literatura moderna norteamericana, y siempre a la sombra de sus magistrales historias de corte sobrenatural, Stephen King y su amalgama de pesadillas, escalofríos y traumas de niñez han engendrado tantas sonrisas como lágrimas en formato de celuloide. Si bien varias de sus narraciones, brillantes en papel, no han encontrado una cobertura fílmica que les haga justicia (la pasadísima Ojos de fuego, El cazador de sueños), muchas se han convertido, por méritos propios, en estandarte de varias generaciones de cinéfilos, ya sea en materia de horror (El resplandor, Carrie, la reciente La niebla) o en su vertiente melodramática y de suspense (la imprescindible Cuenta conmigo o las semidesconocidas Eclipse total y Verano de corrupción). Podríamos decir, incluso, que hay una desmembramiento radical en la calidad de dichas adaptaciones. No se trata del manido “o las amas o las detestas”. Realmente, unas sobrevuelan hacia cotas de absoluta maestría, capturando hasta los dilemas sociales (y poco explícitos) expuestos en el material de origen; otras, en cambio, hacia un infierno más profundo que las lúgubres y decrépitas invenciones del escritor. El término medio en el caso de El rey del terror es, pues, inexistente a nivel cinematográfico.

LA TORRE OSCURA, primera parte de una hipotética saga de largometrajes, no sólo corrobora dicha fragmentación; también, la idea probada de que cuando una película no encuentra un equipo artístico que sepa interpretar la obra literaria el resultado puede convertirse en algo completamente opuesto a las palabras del sabio creador. Una cosa es adaptar libremente (con licencias creativas inclusive) la novela, una de las más personales e inclasificables de King, y otra muy diferente tergiversar su mensaje y espíritu. El director Nikolaj Arcel, incapaz de poner en imágenes sus desvaríos metafísicos, opta por aglutinar varios de los tomos anteponiendo los elementos más comerciales, ruidosos y característicos del blockbuster y desechando, con ello, la magia críptica de la historia, clave para dar sentido a un relato, siendo justos, de difícil traslación a la gran pantalla. Un hecho que recuerda, en términos puramente teóricos, al crimen perpetrado por Wolfgang Petersen en su infantiloide La historia interminable.

El producto resultante es un cóctel de demasiadas y no reconocidas pretensiones, menos enrevesado que el modelo original pero caótico en su estructura, que habría quedado estupendamente bajo las directrices sanas y poco ortodoxas de la serie B y que se estrella al querer jugar en ligas mayores. Como entretenimiento alternativo, eso sí, el espectador disfrutará buscando las múltiples referencias al universo del prolífico narrador camufladas a lo largo del metraje, sin duda lo mejor de la cinta: fotografías espectrales de hoteles en temporada baja, un póster de una antigua diva cinematográfica, apellidos que rememoran a viejos e inolvidables amigos e, incluso, un Plymouth Fury de 1958 con hedor a muerte en su capó.

EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on febrero 13, 2017 by Gonzalo Contreras

LAS RAÍCES DEL ODIO

Nacimiento nación

América en los infames tiempos de la esclavitud. Sí, otra vez. Desde que Steve McQueen triunfara en los Oscar de 2013 con la muy respetable 12 años de esclavitud y Lee Daniels impusiera los códigos narrativos sobre lo que no se debe hacer en este subgénero con alas reivindicativas, Hollywood se ha rendido ante una corriente de películas (todavía nos quedan varias en el tintero) acorde con los tiempos convulsos que vive la industria cinematográfica, en el ojo del huracán ante supuestas actitudes racistas hacia académicos de la comunidad afroamericana. Loables en sus propósitos, ansiosas (lo reconozcan sus creadores o no) por arrasar en las ceremonias de los premios más celebrados, son pocas las veces, empero, que han conseguido sorprender al espectador con alguna aportación mayor que la del sufrimiento que acarrea su devastador núcleo argumentativo. La sensación de déjà vu, casi siempre, se convierte en el mayor enemigo de estas producciones.

Nacimiento 2Presentada bajo un título con claras alusiones a la obra maestra de D.W. Griffith, largometraje clave para entender las articulaciones de la narrativa cinematográfica pero también monumento glorificador a la raíces del racismo estadounidense, y dejando aparcadas las directrices históricas de la revolución presentada (además de emprender una masacre contra sus amos, los esclavos protagonistas asesinaron a sangre fría a los hijos de estos, aspecto que, con cierta desvergüenza, no muestra visualmente la película), EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN es, ante todo, una película estimable, rodada con buen pulso e interpretada por unos actores que sienten en su piel el calvario al que se ven sometidos sus personajes. Resulta cruda, áspera y nada condescendiente. Pero también tremendamente manipuladora a la hora de exaltar un mensaje final tan enfurecido como cuestionable.

Amparándose en unos antiestéticos fragmentos oníricos, Nat Parker (director, guionista e intérprete a jornada completa) acaba remarcando tanto la naturaleza mesiánica y colérica de su figura principal, Nathaniel Turner, instigador de la rebeliones y fanático religioso víctima de la barbarie que le rodeaba, que resulta muy complicado comulgar con su causa, siempre justificada por el tratamiento maniqueo de un personaje real, en efecto, con más sombras que luces. Al final, se esfuerza tanto en respaldar el dolor y desaliento de sus acciones que la historia, más que aproximarse a la conmovedora puesta en escena de la película de McQueen, se inclina por caer en la trivialidad y el derrotismo propios del cine de Daniels.