Archivo para James Purefoy

CHURCHILL

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 3, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS FANTASMAS DEL MANDATARIO

Tras su aspecto imponente y el carisma que procesaba entre la población inglesa de la década de los cuarenta, Winston Churchill era un hombre torturado por los fantasmas del pasado. Primer ministro de Reino Unido durante los convulsos años de la Segunda Guerra Mundial, sus traumáticas vivencias en la Guerra de los Bóers y en la gestión del desastroso conflicto de Gallipoli (siendo Primer Lord del Almirantazgo y motivo de su salida del gobierno) contrastaban con la emoción que imprimía en sus comunicados oficiales, rebosantes de energía, aliento (“alguien tiene que hablar en nombre del soldado” era su consigna entre los mandamases extranjeros) y de una esperanza perdida por los habitantes de la nación, que veían aterrados cómo los alemanes dinamitaban, imparables, las libertades y los sueños de progreso de la Europa Occidental.

Coincidente en el tiempo con El instante más oscuro, biografía del gobernador inglés dirigido por Joe Wright y protagonizado por un Gary Oldman con sabor a Oscar, CHURCHILL retrata las 48 horas previas al desembarco de Normandía y los temores del político de resucitar los horrores y fallos tácticos acontecidos en el estrecho de los Dardanelos. Presumiblemente más modesta que la ambiciosa producción de Wright (de hecho, y aunque todavía es pronto para plantear conjeturas, parece su hermana pequeña, como lo fue Historia de un crimen frente a la más laureada Truman Capote, también vinculadas en argumento y estrenadas en fechas similares), la película, interesante en todo momento, se entrega al impresionante trabajo de Brian Cox. El actor plasma, con enorme brillantez, los demonios personales que atormentaban al mandatario, la frustración al ser relegado por los aliados americanos en la toma de decisiones del Día D y su mirada envejecida, frágil y acomplejada en temas de contienda, anclada en las estrategias de invasión propias de las guerras de trincheras.

En los matices de su interpretación hallamos la solidez que, en ocasiones, echamos en falta en las lineas narrativas, marcadas por la reiteración del mensaje y la supremacía de un tono didáctico frente a la conmoción cinematográfica. Por fortuna, su puesta en escena, de acentuado corte clásico (la sombra de El discurso de rey es alargada, principalmente en sus últimos minutos), y la poderosa amplificación de algunas acertadísimas instantáneas (la presentación del personaje, paseando por una playa de aguas ensangrentadas y cubierta con alambres de púas) convierten a Churchill en una propuesta más que apreciable, sobre todo a la hora de sortear los molestos tics de que nos regalan los, casi siempre, insufribles y relamidos biopics.

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HIGH-RISE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 12, 2016 by Gonzalo Contreras

HighRise

Aclamada en los pasados festivales de Toronto y San Sebastián (no así en la Muestra Syfy de Cine Fantástico, en donde no pocos espectadores huyeron despavoridos ante semejante espectáculo), HIGH-RISE pertenece a ese grupo de películas admiradas y reverenciadas por pequeños grupos de cinéfilos que no sólo me dejan indiferente, sino perplejo ante unos elogios que mi cerebro no llega a procesar. Los más entusiastas aseguran que, para descifrar las entrañas de su profundidad y riqueza conceptual, primero deberíamos acercamos a las páginas que dan forma a la cinta, basada en la novela Rascacielos del escritor J. C. Ballard. Una afirmación que no deja de ser la prueba fehaciente de que, en su traslación cinematográfica, algo se ha hecho rematadamente mal si para entender la dimensión del relato narrado es necesario acudir al material de fábrica. Porque lo que, supuestamente, en papel resulta brillante y embriagador, en pantalla se convierte en uno de los mayores despropósitos de los últimos años.

high rise 2Convencido hasta el extremo de estar confeccionando el último gran clásico de culto del cine contemporáneo, el director Ben Wheatley, defensor de la imagen frente a la palabra, juega a ser Cronenberg (la exaltación de la escabrosidad) y Kubrick (la simetría de los planos y el juego de luces) sin capturar ni pizca del talento de ambos cineastas. Incluso, se atreve a emular a Sorrentino en su búsqueda del encuadre más exquisito roto por una música que desentone con la instantánea presentada (en este caso, haciendo uso de una pegajosa nueva versión del S.O.S de Abba). Paradójicamente, olvida lo más importante: cuidar una narrativa que se torna caótica y pretenciosa, presentando unos personajes involutivos, carentes del menor interés (su enajenación parece venir más de nacimiento que de la lucha de clases), y un enfoque falsamente críptico que le permite presumir de una filosofía reservada a paladares intelectuales. Bien por ellos. Eso sí, hay que admitir su eficacia como anuncio de colonia a mayor gloria de su protagonista, el británico Tom Hiddleston. Seguro que más una empresa toma nota para la próxima campaña navideña.