Archivo para Luis Callejo

ORO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on noviembre 9, 2017 by Gonzalo Contreras

LA QUIMERA DEL ORO

Perfeccionista en cada plano, en cada línea de guion meticulosamente escrita, Werner Herzog pasó a la historia del celuloide, además de por un buen puñado de joyas cinematográficas, por su fama de llevar hasta límites casi neuróticos los rodajes que llevaban su sello de autor. Quizá el más famoso (junto a Fitzcarraldo, también marcado por la aparatosidad y los contratiempos) y el que mejor resume sus inquietudes más personales sea Aguirre, la cólera de Dios, versión libre de las aventuras del conquistador Lope de Aguirre por tierras amazónicas en busca de la legendaria tierra de El Dorado y su posterior declive, físico y mental, debido a las condiciones de tan peliagudo entorno. Ambición, desesperación y decadencia, conjuntadas en torno al fascinante onirismo del cineasta y a la mirada furiosa de Klaus Kinski, en continuo estado de enajenación mental, daban como resultado una de sus propuestas más fascinantes y alucinógenas, así como uno de los viajes más certeros al corazón de las tinieblas que el cine haya contemplado jamás.

ORO, último trabajo de Agustín Díaz Yanes después de nueve años sin ponerse detrás de las cámaras, recoge el guante mostrando una ampliación de las tesis ya expuestas por Herzog en su obra maestra. Eso sí, exhibiendo una especial predilección por los acordes del mejor western y la suciedad impresa en el cine del Peckinpah más amargo y derrotista. Descripción detallada de una de tantas expediciones españolas planteadas por España en busca de ciudades bañadas en oro en territorios del Nuevo Mundo, la película materializa con brillantez el ansia de los conquistadores por la gloria y la fortuna, sus anhelos y recuerdos abandonados en tierras ibéricas, el papel de una Iglesia incapaz de soltar el nombre de Dios de su boca y los infortunios acaecidos en unos parajes inhóspitos dominados por indígenas y criaturas desconocidas por el hombre.

La ira, el desarraigo y la codicia poco a poco se adueñan de la pantalla, las traiciones entre los exploradores, bajo el mando de un excelente José Coronado y con la presencia de la siempre impecable Bárbara Lennie, surgen sin necesidad de conspiraciones previas y la naturaleza, húmeda, indómita y abrasiva, se acaba convirtiendo en un personaje más, engullendo la poca humanidad que habita en sus malogrados protagonistas. Como ya ocurriera en Los últimos de Filipinas, lo mejor de esta magnífica y, a ratos, claustrofóbica epopeya, dirigida con la pasión característica de Yanes (a partir de un relato inédito del escritor Arturo Pérez-Reverte), reside en las lecturas desmitificadoras y sociales que atañen a este grupo de hombres, sin títulos nobiliarios ni riquezas, destinados allí por las altas esferas y abandonados a su suerte. Unos pobres diablos deseosos de una vida mejor que encontraron, en las antípodas del mundo, su propia autodestrucción. Y todo por una quimera.

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EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on septiembre 22, 2016 by Gonzalo Contreras

HISTORIA DE UNA MENTIRA

Hombre

Espía a la antigua usanza, de gabardina impoluta, gafas de sol perennes y cigarrillo en los labios, por pose o vicio, Francisco Paesa pasará a los anales por robar a Luis Roldán el protagonismo, en todos los sentidos, de su infame historia. Pieza clave de los servicios secretos españoles allá por finales de los ochenta, resentido con un Gobierno que le había echado a patadas en sus horas más bajas, encontró en la figura del ex director de la guardia civil un inesperado balón de oxigeno que aliviaría sus dos ambiciones más inmediatas: volver a acumular la fortuna de antaño y ejecutar una venganza contra el sistema que le había traicionado (ríete tú de los desvaríos confabuladores de John le Carré). La crónica de sus hazañas adopta el formato de celuloide gracias a EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS, soberbia aproximación a la figura de este mago de la manipulación y la apariencia. Dirige Alberto Rodríguez, sinónimo desde hace ya varios años de solvencia y calidad.

Hombre mil carasDespués de descubrirnos la cara oscura que se escondía tras los cánticos y rebujitos de la Expo del 92 en Grupo 7 y la insólita América profunda que habitaba a orillas de las marismas del Guadalquivir en esa obra maestra titulada La isla mínima, Rodríguez, empeñado en escarbar en los cimientos desgastados de nuestra democracia, cierra con este largometraje su particular trilogía sobre la historia negra de España. La actual, criada supuestamente bajo los estandartes de la libertad y la honradez. Y lo hace, nuevamente, con una personalidad desbordante, ingenio y credibilidad. Añadiendo buenas dosis de farsa a la opereta, el director juega a su antojo con los sucesos descritos haciendo que estos brillen en pantalla, apoyándose en un, como siempre, magistral elenco interpretativo (desde Eduard Fernández, portentoso y metódico, pasando por un excepcional Carlos Santos, capaz de humanizar a un pieza como El Algarrobo) y en un estilo narrativo y visual que recuerda, y mucho, al mejor thriller argentino coetáneo (la picaresca tiene acento español).

TARDE PARA LA IRA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on septiembre 7, 2016 by Gonzalo Contreras

UN DÍA DE FURIA

tarde ira

Durante los últimos coletazos del franquismo, un nutrido grupo de cineastas, la mayoría hijos adoptivos del neorrealismo italiano (siendo Carlos Saura y Jose Luis Borau sus más reconocidos representantes), tuvo la osadía de retratar en carne viva las vestiduras de una época agónica y abocada irremediablemente a la extinción, desmitificando con ello la imagen idílica y turística que nuestra cinematográfica, controlada por los sectores más conservadores, vendía fuera y dentro de nuestras fronteras (en un claro intento de legitimar la valía del régimen). Fieles cronistas de su tiempo, y sirviéndose de un simbolismo que sorteaba hábilmente los dictámenes de la censura, se acercaron a las madrigueras de un país desconocido para el gran público, bucólico, hiriente y descarnado, raspado por su contradictoria climatología, a veces abrasadora (La caza), otras gélida como el hielo (Furtivos), convertido en un trágico escenario en donde sobrevivir se convertía en la máxima prioridad de sus individuos.

tardeLa España más profunda encontró su mejor cristalización cinematográfica en estos años. Tiempo después, con variantes semánticas y partiendo ya de sucesos propios del semanario El caso, Pedro Costa y algunas genialidades de la mítica La huella del crimen, Vicente Aranda y sus Amantes y, más recientemente, Alberto Rodríguez con la magistral La isla mínima, se empaparon en gran medida del olor a putrefacción reinante en aquellas magistrales obras. Ahora, el otrora actor Raúl Arévalo coge el testigo en la impecable TARDE PARA LA IRA, debut cinematográfico fraguado durante ocho largos años de una contundencia formal tan sublime y enérgica que cuesta creer que estemos hablando de una ópera prima.

Todo, absolutamente todo, funciona como un reloj suizo en este relato de venganza, justicia y redención cocinado a fuego lento, de una sordidez irrespirable, interpretado brillantemente por un reparto en estado de gracia (al trío de ases, comandado por un Antonio de la Torre en el mejor papel de su carrera, se suma un Manolo Soto que devora la pantalla con su breve aparición) y deudor, además, del western bravío de Sam Peckinpah, la rabia visceral de Samuel Fuller y, en su vertiente melódica, los compases presentes en la también implacable Los santos inocentes. Escenas de una ejecución asombrosa (la secuencia inicial) y momentos casi imperceptibles de macabra comicidad (la pareja escuchando “Por ella” en su travesía por carretera) rematan una obra modélica avalada por el sello del gran cine, de las que remueven entrañas, tan inmensa y compleja que su recuerdo se acrecenta días después del visionado.

KIKI, EL AMOR SE HACE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on marzo 30, 2016 by Gonzalo Contreras

ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO

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La filmografía de Pedro Almodóvar, principalmente la más gamberra y menos melodramática, característica de los felices años ochenta, se ha convertido por derecho propio en un género en sí mismo, así como en un referente no sólo para conocer los entresijos de la llamada movida madrileña, sino también como símbolo de creación y de expresión de libertad para un gran número de directores entusiastas que trataron de adaptar su particular e inconfundible lenguaje a sus propias obras.

kikiAllí donde fracasaron muchos, incapaces de reflejar la frescura latente en su cine, cayendo casi siempre en la imitación más descarada y la parodia involuntaria, Paco León triunfa con su KIKI, EL AMOR SE HACE al exprimir formidablemente los cánones más definitorios que regían la personalidad del manchego (el histrionismo de sus propuestas, la sexualidad expuesta sin tabúes y el costumbrismo más ibérico e irreverente). El cuidado que pone en cada detalle, desde sus títulos iniciales, versión lasciva de los presenciados en Relatos salvajes, hasta la maestría con que hilvana todas las historias que componen el largometraje, divertidísimos sketchs sobre algunas de las más insólitas parafilias imperantes en la sociedad, convierte a esta propuesta en una de las mejores y más lúcidas comedias que ha dado el cine español en lustros. Porque si algo caracteriza a Kiki, más allá de sus cualidades artísticas, es ser sinónimo de carcajada. León tiene un don para convertir lo grotesco y atípico en brillante humor negro, como en su día hizo el mencionado Almodóvar, generando estupor y diversión a partes iguales y demostrando ser, por encima de todo, un magnífico director de actores. Ya dio pistas de ello en su anterior y familiar proyecto, el díptico formado por Carmina o revienta y Carmina y Amén, pero dominar a un elenco tan variopinto como el aquí presente y aprobar con sobresaliente la prueba (todos los intérpretes, sin excepción, están sensacionales) no hace otra cosa más que confirmar su valía como gran promesa actual de nuestra cinematografía.