Archivo para Michael Stuhlbarg

LA FORMA DEL AGUA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on febrero 11, 2018 by Gonzalo Contreras

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

No es casualidad que una de las principales referencias de LA FORMA DEL AGUA sea La mujer y el monstruo (Creature of the Black Lagoon), la maravillosa aventura acuática que dirigiera Jack Arnold a mediados de la década de los cincuenta. Su artífice, Guillermo del Toro, maestro de las sombras y los ambientes góticos, siempre se ha declarado un fan acérrimo de los grandes antepasados del género, un hecho que ha demostrado a lo largo de sus más de treinta años de carrera y cuya culminación se fraguó, hace tan solo tres años, con La cumbre escarlata, incomprendida y fastuosa revisión de los orígenes de la compañía Hammer, de los castillos perdidos en otras dimensiones, de los fantasmas que pernoctaban en los cuentos sobrenaturales leídos en nuestra niñez. Tres años después de aquel triunfo, el cineasta repite la jugada homenajeando (y actualizando, en todos los sentidos) a aquella revisión amazónica y extrañamente erótica de La bella y la bestia y, de rebote, a las monsters movies que inundaron las salas cinematográficas en esos días y cuya capacidad de evocación, merecedora de transgredir los límites del tiempo, se ha transmitido de generación en generación entre los cinéfilos amantes del cine de terror. Del terror puramente clásico, se entiende.

Pero no solo de tradición y artesanía vive esta preciosa película. Al igual que en las producciones más satisfactorias de James Whale o del contemporáneo Tim Burton, y sirviéndose de un contexto tan hipócrita, falsamente utópico y contradictorio como la Guerra Fría y los nuevos estandartes de progreso propagados por la América de Kennedy, el cineasta mexicano sigue fiel a sí mismo reflejando, nuevamente, la obsesión que caracteriza a la mayor parte de su filmografía: dar voz y voto (apréciese la connotación política, reflejo de la crispación social de la era Trump) a esas personas solitarias y repudiadas por los prejuicios marcados por la sociedad del momento. A los “seres que nacen demasiado pronto. O demasiado tarde”. Salen de noche, justo cuando los benefactores del american way of life yacen plácidamente en sus camas; se ven sujetos a oficios de mala muerte; viven en pequeños pisos en las afueras plagados de grietas y goteras y sus pequeños placeres residen en imitar los pasos de baile de viejas películas en blanco y negro o en apreciar el aromático olor que proporciona el incendio de una fábrica de chocolate. Pero no por ello renuncian a unos deseos de apariencia inalcanzable ni a la búsqueda de una felicidad que, quizá, se encuentra al otro lado de la barra de un restaurante de tartas incomestibles o en el ser monstruoso que habita en las mazmorras del lugar de trabajo.

Para agudizar los caracteres y la empatía de sus personajes principales, representados por Richard Jenkins y una impresionante Sally Hawkins, la atípica bella durmiente de este relato (una especie de Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo de contagiosa ternura y vitalidad), y como antídoto a las penurias del mundo real, Del Toro no duda en imponer una atmósfera fabulesca, colmada de tintes mágicos y acordes de cuento de hadas, a una narración marcada por los designios de la esperanza (en su universo siempre queda tiempo para las segundas oportunidades) y que oculta, entre sus paredes, un entusiasta y bellísimo tributo a la cultura cinéfila y musical de aquella época, válvula de escape en unos años idealizados por el sueño americano y, en el fondo, teñidos de gris. Y es que, por encima de sus licencias argumentativas, La forma del agua es el testimonio audiovisual de un hombre que ama y siente el cine en sus venas, que entiende su lenguaje y los códigos que lo representan y que se deja el alma misma en cada proyecto.

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CALL ME BY YOUR NAME

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on enero 17, 2018 by Gonzalo Contreras

AMOR DE VERANO

En una secuencia de la película que nos ocupa, el protagonista de la historia, de nombre Elio, un adolescente extrovertido, de acusada inocencia pero de una madurez asombrosa para su edad y en vísperas del despertar sexual, se encuentra en una fiesta típica de los veranos que recordamos en nuestra memoria. A unos metros está Oliver, un apuesto y veinteañero graduado, asistente estadounidense de su padre, que ha decidido pasar unas semanas de descanso en la preciosa villa estival que la familia del chico posee en Italia. Baila de una forma desinhibida, exuberante, casi descontrolada. Cigarrillo en mano, ausente de las conversaciones que mantienen sus amigos más próximos y con una mueca de admiración y deseo, Elio no puede evitar fijar su atención en él.

Con solo una mirada que expresa más que cualquier diálogo intrincado, que cualquier escena ardiente, se abre en canal a un espectador que intuye, desde ese mismo momento, los sentimientos más íntimos, puros e inconfesables que el muchacho siente hacia aquel perfecto desconocido. Y es que, en CALL ME BY YOUR NAME, no hay margen para lo explícito, para las imágenes recargadas de emociones falsamente impostadas. Como en Los puentes de Madison, como en Brokeback Mountain. Como en los relatos románticos más lúcidos y creíbles jamás contados en pantalla.

Implantando un minimalismo y desgarro insólitos en el género coetáneo, el director Luca Guadagnino, en una nueva demostración de talento y contención, hace un uso magistral de los encuadres, los cambios de foco y la profundidad de campo (ya manoseados en su reivindicable Cegados por el sol) disfrazando la pasión en unos fotogramas contaminados por el erotismo, el sudor y la pegajosidad de la estación veraniega y en una selección de canciones, éxitos imborrables de los evocadores años ochenta, cuyas letras capturan el anhelo de la juventud perdida y esconden, nuevamente, aquello que sus personajes quieren gritar al unísono y ninguno de ellos se atreve a revelar (“La palabras no vienen fácilmente a mí. ¿Cómo puedo hacerte ver que te quiero?”). La elocuencia de la puesta en escena y la sutileza de sus secuencias, impagables por la complejidad de su contenido, son acompañadas, además, por la ya icónica sensualidad desprendida por la pareja protagonista, interpretada de forma abrasiva por Armie Hammer, objeto declarado de la lujuria, y un brillantísimo Timothée Chalamet, representante de la mirada cándida, ignorante y ensoñadora de la inexperiencia.

La creación de un contexto idílico, casi mágico, en donde la luminosidad de los parajes italianos se mezcla con las ejemplares enseñanzas morales del entorno familiar que rodea al joven (atención a la última conversación entre padre e hijo, de una intensidad difícilmente superable), remata esta bellísima y tierna película sobre el fin de la inocencia y los amores que permanecen por siempre en el alma. Una obra maestra que duele, que respira verdad, que no puedes evitar recordar sin que aparezcan, días después de su visionado, lágrimas de sincera emoción en el rostro.

LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on enero 14, 2018 by Gonzalo Contreras

LAS DEFICIENCIAS DEL SISTEMA

A sus setenta y un años, Steven Spielberg sigue siendo uno de los amuletos imprescindibles de la industria hollywodiense. De hecho, pocos directores pueden presumir de tener una carrera fermentada a lo largo de cinco décadas poseyendo, en todas ellas, al menos dos obras (siendo modestos) capaces de arañar la majestuosidad del séptimo arte. Artífice de algunas piezas imprescindibles en la adolescencia del gran público, llámense, según la generación, E.T, Jurassic Park o la atemporal Tiburón, el tratamiento formal y argumentativo de sus primeros trabajos, revolucionarios en sus formas, pioneros en las reformulaciones de la cinematografía comercial de los años ochenta y capaces de atrapar la magia del Peter Pan que todos llevamos dentro, contrasta con una trayectoria posterior, más posicionada en la madurez, brillante en su recuperación del lenguaje audiovisual imaginado por los soñadores de la vieja escuela, convirtiéndose, para regocijo de los más cinéfilos y desagrado de los modernistas, en el último refugio (junto con autores como Eastwood, ahora de capa caída) del cine clásico estadounidense.

Más que visualizar un relato de espionaje con los susodichos papeles como protagonistas (al más puro estilo Todos los hombres del presidente o la reciente Spotlight), Spielberg, en LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO, retrata el auge, años antes de la sonora investigación conducida por Bob Woodward y Carl Bernstein sobre el caso Watergate, del periódico The Washington Post (comúnmente conocido como The Post, título original del largometraje), un diario local de segunda que encontró, para disgusto de la Administración Nixon, una bomba de oxígeno gracias a la publicación de información clasificada (y lamentable) sobre la guerra de Vietnam. Como no podía ser de otra manera, el cineasta detalla esta historia real, apasionante desde el punto de vista periodístico y cinematográfico, con su habitual distinción y sabiduría épica, retomando su consabida narrativa de corte tradicional, ausente de grandilocuencias y pulcra en la descripción, e imprimiendo un sentido del espectáculo rebosante de una emoción que ya quisieran reflejar muchas promesas actuales del celuloide. Y para remarcar ese halo de cine de otra época, se reserva una inteligentísima jugada maestra: juntar por primera vez en pantalla a Meryl Streep y Tom Hanks, dos de los exponentes más respetados y carismáticos de la cultura contemporánea, para dar vida a estos sagaces héroes de la información. La empatía, lógicamente, se hace abrasiva desde el primer encuentro.

Maravillosamente filmada con una estética puramente setentera, plagada de zooms y acorde con el oscurantismo de los tiempos que corren, y culminada con un revelador epílogo que bien podría funcionar como precuela de la obra maestra de Alan J. Pakula, Los archivos del Pentágono no solo es una entretenidísima plasmación de los tejemanejes políticos y las deficiencias del sistema democrático estadounidense (significativos, una vez más, los montajes paralelos de las promesas de los presidentes, de diferente índole política, y sus aprobaciones posteriores); también, un magnífico y sentido homenaje a la prensa escrita, al aroma a tinta que respiran las páginas en papel, a un tiempo que se muere y en el que la búsqueda de la verdad acababa prevaleciendo sobre la frivolidad y el amiguismo presente en los despachos de los rotativos.

LA LLEGADA (ARRIVAL)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on noviembre 17, 2016 by Gonzalo Contreras

EL PODER DEL LENGUAJE

Arrival

A pesar de su prestigio en círculos cinematográficos y de haber rodado algunas de las películas que mayor entusiasmo han despertado en la última década (Prisioneros y Sicario, sus dos obras más recientes, valdrían como excelentes ejemplos), el nombre del director Denis Villeneuve todavía no goza de un reconocimiento palpable entre los espectadores que se acercan con asiduidad a las salas de cine. Auténtico soplo de aire fresco en una industria casi siempre decadente, creador de atmósferas y firme defensor del poder de la imagen frente a la palabra, su probado conocimiento de los engranajes audiovisuales y la artesanía que infunde en cada nuevo proyecto que afronta, diferente al anterior y libre de las intransigencias de los grandes estudios, le han permitido aunar, en un mismo largometraje, conceptos tan equidistantes como comercialidad e inventiva, riesgo y clasicismo, tradición e innovación.

arrivalInteresantes todas sus propuestas, poseedoras al menos de una secuencia lo suficientemente poderosa como para instalarse de por vida en nuestra retina, el realizador culmina su envidiable trayectoria con LA LLEGADA, primera toma de contacto con el universo fantástico antes de enfrentarse a la secuela de la reverenciada Blade Runner. Desvelar siquiera el punto de partida de la cinta sería un flaco favor para todos aquellos que quieran disfrutar en pantalla grande de esta nueva muestra del talento del canadiense. Lo que en otras manos hubiera caído, con toda probabilidad, en el mayor de los ridículos, Villeneuve lo convierte en una experiencia tan abrumadora (visual y narrativamente) que traspasa los límites de la propia temática gracias a la óptima combinación de sus dos teorías paralelas, influenciadas por sendas obras maestras de la cinematografía americana: por un lado, el poder de la comunicación y el lenguaje como pegamento que une a todas las civilizaciones, actualizando brillantemente el mensaje paficista (y algo anacrónico) de Ultimátum a la tierra (1951); por otro, como en la multipremiada Gravity (hermanadas en calidad y contenido), la utilización de la ciencia-ficción como excusa para narrar una historia profundamente humana, en donde el dolor ante la pérdida se convierte en la expresión irrefutable del amor más puro y terrenal.

Bellísima y plácida en su exposición, inmensa y vitalista en las conclusiones finales, esta impresionante película, base fundacional (junto al film de Cuarón) de la nueva edad de oro del género, consolida a Villeneuve como el cineasta más prometedor, versátil y revolucionario del cine contemporáneo.

DOCTOR STRANGE (Doctor Extraño)

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on octubre 25, 2016 by Gonzalo Contreras

LUJOSO ENVOLTORIO PARA LA HISTORIA DE SIEMPRE

Doctor Strange

Ya lo hemos comentado muchas veces, tantas como películas de superhéroes han surgido en estos últimos años: por obra y gracia, en gran medida, del cineasta Christopher Nolan, este subgénero se ha convertido en una especie de competición formada por dos bandos bien diferenciados (los todopoderosos Marvel y DC Cómics, respectivamente) cuyo propósito último es ofrecer la producción más ambiciosa y compleja vista hasta entonces. Se busca la supremacía total, la excelencia más absoluta, traicionando paradójicamente la aspiración básica que estas viñetas deberían ofrecer: una distracción ausente de pretensiones y directo al consumo mayoritario. Al final, contra todo pronóstico, las historias que componen este fenómeno parecen calcadas unas de otras, intercambiables entre sí, por mucho que el envoltorio sea decorado con los últimos tapices digitales. La saturación es lo que tiene, que acabas por repeler lo que antes apreciabas. Y algo así me ha ocurrido con DOCTOR  STRANGE.

Doctor Strange“Habrá perdido la objetividad”, creerán algunos. Por el contrario, pienso que en esta cualidad, detalle clave para realizar este pequeño análisis y ausente de cualquier carga nostálgica y mitómana, se halla el terreno idóneo en el que contemplar las deficiencias de un espectáculo simpático como pasatiempo momentáneo, pero que en ningún momento sobrepasa los límites del entretenimiento que proporciona por definición básica el concepto de Blockbuster. Cuando las luces de neón, fuegos de artificio y demás parafernalia desaparezcan de la retina del espectador que acuda a ver Doctor Strange, lo más seguro es que, ya reposada, descubra cómo la nueva propuesta de Marvel, auguro que endiosada por pequeños grupos de fans (ya sea por la intervención de Cumberbatch, por su simulada originalidad o, directamente, porque así lo ha dictaminado la productora de cómics incluso antes de su gestación) es más de lo mismo. Misma estructura narrativa, mismo diseño conceptual, repetición hasta el hastío de las clásicas fórmulas estipuladas. Nada nuevo bajo el sol.

TRUMBO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on abril 28, 2016 by Gonzalo Contreras

A LA CAZA DEL COMUNISTA

trumbo

Su profesión de guionista le relegó a un segundo plano fuera del ámbito cinematográfico, permaneciendo siempre a la sombra de aquéllos que dirigían sus historias; su comunismo declarado le catapultó a la primera línea de trincheras. Ya fuera desde su despacho o la bañera de su casa, siempre con un cigarrillo en la boca inundando la habitación de un incesante humo y rodeado de un vaso con whisky, colillas y pastillas para mantenerse despierto, Dalton Trumbo puso letra a algunos de los libretos más relevantes de la historia del cine americano, muchos de ellos objeto de estudio en escuelas audiovisuales de medio mundo, mostrando un dominio abrasador en cualquiera de los géneros que trató. Vacaciones en Roma, Espartaco, El último atardecer o Papillon son sólo un pequeño aperitivo de su legado. Incluso, se atrevió a ponerse detrás de las cámaras adaptando su novela Johnny cogió su fusil, reconocida como una obra maestra desde el momento de su concepción. Fue el único film que realizó. Como Charles Laughton con La noche del cazador. Como Marlon Brando y su Rostro impenetrable. Como los grandes genios.

Trumbo 2Vivió las mieles del éxito, pero también la persecución más canalla e injustificada. Víctima de la cacería emprendida por la Alianza Cinematográfica para la Preservación de los Ideales Americanos y máximo representante de la caza de brujas del senador McCarthy, jamás abandonó su inseparable máquina de escribir, ni siquiera cuando pasó a formar parte de la lista negra de Hollywood al negarse a declarar ante el Comité de Actividades Estadounidenses. El largometraje de Jay Roach, TRUMBO, repasa los años más oscuros del escritor (y, dicho sea de paso, de la Meca del Cine) con soltura y un toque cómico, marca de la casa del director, acorde con la carga crítica implícita en la película. Y aunque no llega a la categoría de memorable, rozando en más de un momento el temido formato televisivo (sobre todo cuando decide prestar atención a la edulcorada trama familiar), sí se impone a la mayoría de biopics gracias al apasionante contexto histórico que rodea al personaje y a las interpretaciones de Bryan Cranston, impecable en el papel del escritor, y una Helen Mirren fantástica como lengua viperina del papel cuché. Pero, por encima de todo, sobrevive en su sincera exaltación del la creación como máxima expresión del artista, visible en el maravilloso plano en el que Cranston, con lágrimas en los ojos y exacerbada emoción, presencia su nombre en los créditos iniciales de la mítica Espartaco.

STEVE JOBS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , on diciembre 28, 2015 by Gonzalo Contreras

LUCES Y SOMBRAS DEL GENIO

steve

Miércoles, 22:35 de la noche. En una cadena televisiva emiten Jobs, el biopic del fundador de Apple dirigido dos años atrás, de forma un tanto premeditada, por un tal Joshua Michael Stern. Mientras trato de encontrar las palabras necesarias para definir la película de Danny Boyle, adelanto que espléndida, presto cierta atención al desastroso producto comandado por el inefable Aston Kutcher para desentrañar las diferencias abismales que separan a ambos largometrajes. ¿Qué hace posible que, a priori, la misma historia, sea contada en un caso con una alarmante mediocridad y en el otro con una lucidez asombrosa? La respuesta tiene un nombre claro: Aaron Sorkin.

steve 2De profesión productor, realizador y guionista, este neoyorkino ha firmado alguna de las líneas más sobresalientes del cine contemporáneo. Ahí están, como prueba, los magníficos escritos de La red social o Moneyball. Ahora, se centra en el multimillonario empresario narrando tres de sus presentaciones más mediáticas en respectivos actos, cual obra de teatro, y dividiéndolas en dos escenografías que bien podrían representar las luces y sombras del propio Jobs: el escenario como tal, en donde crecía a su propia imagen y semejanza, y el camerino de los diferentes recintos, muro de sus lamentaciones más íntimas y personales. Y para incentivar el carácter dramático, el público sentado en la platea espera, ansioso, que se abra el telón y empiece el espectáculo.

Sorkin huye del biopic al uso adaptando la biografía autorizada de Walter Isaacson con las cualidades que le preceden: brillantez, ingenio y un abrumador dominio narrativo. Boyle, leal a su estilo desbocado y frenético, a veces se mueve un paso por delante de las directrices marcadas por el guionista, desluciéndose en favor del brillante libreto, de un Fassbender que nos obsequia con una de sus grandes creaciones (en una metamorfosis que va más allá de la simple imitación gestual) y de una no menos excelente Winslet como fiel vasalla del genio informático. Y si, después del visionado, todavía hay alguien que no vislumbra la maestría de la película y, en consecuencia, el poder descriptivo de su guionista, le aconsejaría que la comparara con su horripilante  “hermana” mayor.