Archivo para Natalia de Molina

QUIÉN TE CANTARÁ

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on octubre 23, 2018 by Gonzalo Contreras

LA MUJER DEL CUADRO

QUIÉN TE CANTARÁ está protagonizada por fantasmas en vida con voz y nombre de mujer. Por un lado tenemos a Lila, antigua y celebrada diva del panorama musical. Como en El crepúsculo de los dioses, vive recluida en lo alto de una solitaria mansión ajena a la civilización, con la única compañía de su fiel escudera, mánager en los tiempos de vino y rosas, y de unos recuerdos, disfrazados en esta ocasión en forma de discos de platino y trajes de lentejuela, que pueblan cada rincón del caserón. A diferencia de Norma Desmond, repudiada por los mismos focos que un día la adoraron, es ella quien ha olvidado la estrella mediática que un día llegó a ser. Sus éxitos, el vestigio de sus mejores años. Por otro, tenemos a Violeta, cantante frustrada, madre de una joven problemática, maltratada por una vida que jamás le otorgó los sueños que tanto anheló. Ambas son caras opuestas de una misma moneda. El triunfo y el fracaso. La suerte y la desdicha. El todo y la nada.

Si ya de por sí la premisa resulta excitante, el producto final adquiere cotas de una calidad difícilmente mejorable. Y buena parte de culpa radica, precisamente, en los espectros que pueblan este extraordinario film, uno de los grandes de lo que va de año, relato con alas vampíricas plagado de metáforas y apuntes oníricos sobre la soledad, la culpa y la búsqueda de una identidad que no entiende de castas sociales. Najwa Nimri, Eva Llorach, la gran revelación de la cinta, y Natalia de Molina, camaleónica intérprete capaz de transmitir un torrente de sensaciones con un solo gesto, con una sola mirada, se abren en canal ofreciendo unas actuaciones antológicas, supurando verdad, dolor y desesperación a partes iguales. Pero el mérito de semejante logro no pertenece solo a su colosal reparto.

El director madrileño Carlos Vermut, reverenciado en los sectores críticos tras su aclamadísima Magical Girl, lleva su manera de entender el celuloide a nuevas dimensiones plásticas, a parcelas nunca transitadas, estableciendo una hipnótica conexión entre la profunda desolación que arrastra a sus personajes y las emociones de un espectador abrumado ante el enigmático y, durante gran parte del metraje, indescifrable puzzle que presenta el germen del relato. Desde sus influencias formales, con ecos de la psicología impresa por Bergman en su turbadora Persona, la simbología de los cuadros con vida propia vistos en la inmortal Laura y el juego de espejos femenino de De Palma, pasando por la pasión exacerbada que muestran sus escenas musicales (alcanzando el cenit en el intensísimo tour de force de Procuro olvidarte, catártico encadenamiento que evoca inevitablemente a los mejores números melódicos de la filmografía de Almodóvar), todo funciona a la perfección en una película engendrada en estado de gracia, tanto que, en su excelente plasmación visual, en la brillante solidez que posee el vórtice que une sus complejas historias, se permiten vislumbrar muchas de las ambiciones e inquietudes fílmicas proyectadas por el cineasta en sus dos trabajos anteriores. Y con ello, valorar aún más si cabe la capacidad de fascinación que se esconde en una de las mentes más incisivas e interesantes del cine español coetáneo.

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KIKI, EL AMOR SE HACE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on marzo 30, 2016 by Gonzalo Contreras

ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO

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La filmografía de Pedro Almodóvar, principalmente la más gamberra y menos melodramática, característica de los felices años ochenta, se ha convertido por derecho propio en un género en sí mismo, así como en un referente no sólo para conocer los entresijos de la llamada movida madrileña, sino también como símbolo de creación y de expresión de libertad para un gran número de directores entusiastas que trataron de adaptar su particular e inconfundible lenguaje a sus propias obras.

kikiAllí donde fracasaron muchos, incapaces de reflejar la frescura latente en su cine, cayendo casi siempre en la imitación más descarada y la parodia involuntaria, Paco León triunfa con su KIKI, EL AMOR SE HACE al exprimir formidablemente los cánones más definitorios que regían la personalidad del manchego (el histrionismo de sus propuestas, la sexualidad expuesta sin tabúes y el costumbrismo más ibérico e irreverente). El cuidado que pone en cada detalle, desde sus títulos iniciales, versión lasciva de los presenciados en Relatos salvajes, hasta la maestría con que hilvana todas las historias que componen el largometraje, divertidísimos sketchs sobre algunas de las más insólitas parafilias imperantes en la sociedad, convierte a esta propuesta en una de las mejores y más lúcidas comedias que ha dado el cine español en lustros. Porque si algo caracteriza a Kiki, más allá de sus cualidades artísticas, es ser sinónimo de carcajada. León tiene un don para convertir lo grotesco y atípico en brillante humor negro, como en su día hizo el mencionado Almodóvar, generando estupor y diversión a partes iguales y demostrando ser, por encima de todo, un magnífico director de actores. Ya dio pistas de ello en su anterior y familiar proyecto, el díptico formado por Carmina o revienta y Carmina y Amén, pero dominar a un elenco tan variopinto como el aquí presente y aprobar con sobresaliente la prueba (todos los intérpretes, sin excepción, están sensacionales) no hace otra cosa más que confirmar su valía como gran promesa actual de nuestra cinematografía.

TECHO Y COMIDA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , on noviembre 29, 2015 by Gonzalo Contreras

LA CRUDA REALIDAD

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Ceder a un solo intérprete el peso narrativo y argumental de la historia que se quiere contar es un arma de doble filo. No sólo porque en la mayoría de las ocasiones la fuerza de su caracterización, compendio de las intencionalidades del film, nubla en demasía otros elementos tales como el guión o la propia realización, sino porque, también casi siempre, el personaje acaba convirtiéndose en un mero vehículo de lucimiento para el actor en cuestión, carne de cañón de premios venideros pero inyección letal en el conjunto del proyecto. Un hecho visible en los famosos y temidos biopics, nominables en el aspecto interpretativo pero olvidables en líneas puramente cinematográficas.

techo y comida 3La película que nos ocupa, dirigida por el novel Juan Miguel del Castillo, devastador retrato de la sangrante realidad económica que ahoga a miles de personas en España, concede un protagonismo absoluto a la otrora promesa y hoy consolidadísima actriz Natalia de Molina. De hecho, se podría decir que Natalia de Molina es TECHO Y COMIDA. Su rostro empapa el alma de la película: la inocencia que supuran sus ojos, las risas casi imperceptibles al creer que el trabajo llamará a su puerta a corto plazo o la dolorosa verdad que transmiten sus lágrimas cuando está con su retoño queda grabado a fuego en la retina del espectador.

Insólitamente, y más tratándose de una ópera prima, Del Castillo rompe con los esquemas y cuida con detalle todos los aspectos que rodean a su protagonista. Sin lecciones de moralina ni arrebatos dramáticos, otorga sutileza al relato, incluso la ingenuidad propia del neorralismo italiano, sin que por ello deje de doler e indignar. Esta cualidad queda visible en los acertadísimos y poderosos planos secuencia en los que la joven, desesperada, acude a distintas instituciones en busca de ayuda, siendo su presencia la única que entra en el plano. Al otro lado, el vacío absoluto. Como en la cruda realidad.