Archivo para Richard E.Grant

LOGAN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on marzo 1, 2017 by Gonzalo Contreras

EL AVENTURERO DE MEDIANOCHE

Logan 2

El cine de superhéroes está de capa caída. El motivo principal, probablemente, reside en la cantidad ingente de películas que en los últimos años han aflorado en la gran pantalla. Ya sea desde la estética pop, colorista e inconfesablemente light de los productos nacidos en el seno de Marvel o desde la visión calamitosa, narcisista y casi shakespeariana fundada bajo los parámetros de Christopher Nolan y su caballero oscuro, este subgénero, cuya principal virtud debería radicar en el entretenimiento más placentero y evasivo, está asistiendo a un debilitamiento de sus fórmulas por culpa de la ambición desmedida de unos ejecutivos desconocedores, casi siempre, del universo fantástico que tratan de articular. El entretenimiento, en la mayoria de las ocasiones, brilla por su ausencia, prevaleciendo una idea de competición económica entre los míticos y todopoderosos estudios (DC y la comentada Marvel) más que una búsqueda real de logros cinematográficos.

loganComo excepción que confirma la regla, cada cierto tiempo surgen algunas propuestas (carentes de pretensiones y rebosantes de ideas creativas) que tratan de romper con esta tendencia al alza. Hace un año, sin ir más lejos, la divertidísima Deadpool abrió un abanico de posibilidades narrativas a través de un héroe que huía de todo convencionalismo establecido. Mucho más inteligente de lo que su malhablado guion hacía creer, la película supo aglutinar, por medio de chistes metacinematográficos y buenas dosis de irreverencia, a los fans de las viñetas con el público asiduo al cine más comercial y palomitero.

LOGAN, tercera entrega en solitario del integrante de los X-Men y variante mutante de la novela Ojos de fuego de Stephen King, prosigue esta estela de ruptura formal ofreciendo una mirada atípica al manido campo de los superhéroes. Atrás quedaron las capas, la gomina, los trajes hechos a medida y las tonalidades fluorescentes; la última aventura de James Mangold convierte a Hugh Jackman en la viva imagen del Clint Eastwood más desgastado y decadente. Tanto, que la nueva identidad del personaje (conductor de limusinas, alcohólico y enfermero a media jornada de un agonizante profesor Xavier) parece sacada de uno de los desmitificadores retratos del genio americano, detalle que se agudiza por el aroma a western crepuscular (referencias a Raíces profundas incluidas, primera versión de, qué curioso, El jinete pálido de Eastwood) que impregna la función. Cuanto más juega en el terreno desértico y polvoriento, mejores resultados obtiene. Lástima que, tras una espléndida primera hora, poseedora de una violencia inusitada en esta temática, la película acabe agonizando por una dirección que le viene demasiado grande a Mangold y por la aparición, en su segundo tramo, de los formulismos (exceso de duración, ausencia de comicidad, niveles de tragedia elevados al cuadrado) que tan brillantemente estaba sorteando hasta entonces.

 

 

JACKIE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , , on febrero 15, 2017 by Gonzalo Contreras

LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE LA PRIMERA DAMA

Jackie

En un momento de la película que nos ocupa, Jackie Kennedy, alias Natalie Portman, rota de dolor por el asesinato de su marido, deambula como ánima en pena por diferentes estancias de la Casa Blanca. Aquellos aposentos que un día acogieron a altos mandatarios y fueron testigos de las más refinadas fiestas de etiqueta presencian la decadencia de la que fuera mujer del mandatario más poderoso de norteamérica. Muerto el rey, solo queda llorar a su amada reina. Aturdida por los efectos del alcohol y alguna pastilla de más y vestida con un impecable vestido de corte recto, la ex primera dama se sienta en la silla del Despacho Oval, trono del emperador caído. Desde la misma posición que tomara su difunto esposo para dirigir el país y con la voz de Richard Burton entonando el acto final del musical Camelot, tributo a los años dorados de la leyenda artúrica, asume, temblorosa y ausente, que el cuento de hadas ha llegado irremediablemente a su fin.

JackiePablo Larraín ejemplifica, en esta magistral secuencia, el espíritu trágico y melancólico de su mejor, más complejo y personal trabajo hasta la fecha. Efectivamente, JACKIE es la historia de un tiempo que pudo ser y no fue. De esperanzas y sueños desvanecidos, de hazañas esplendorosas y retos por cumplir. Y, sobre todo, de una mujer que ha perdido su sitio en el mundo.

Con la misma precisión y respeto que mostrara Stephen Frears en La Reina, y apoyándose en una prodigiosa y detallada interpretación de Natalie Portman, el cineasta compone un extraordinario, creíble y delicado retrato de una las figuras más icónicas del siglo XX, desde sus inicios en la Casa Blanca, a través de unas grabaciones en blanco y negro en las que representaba a la impecable anfitriona y los éxitos del american way of life, hasta convertirse, ya a todo color, en la también impecable viuda de América, inmortalizada con su vestido rosa Chanel salpicado de sangre y entregada contra viento y marea a preservar el legado Kennedy. “Jack -diminutivo de John- no era perfecto, pero era perfecto para el país” – Así lo recordaba Jackie, y así quería que lo recordara su pueblo. Y en mitad de ese anhelo, y retumbando fuertemente a lo largo de todo el metraje como una sinfonía espectral, los últimos compases de la mencionada obra teatral (“Que nadie olvide que una vez hubo un lugar, por un luminoso y breve momento, conocido con el nombre de Camelot”) adquieren un significado tan revelador como innegablemente fascinante.

DOM HEMINGWAY

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , on mayo 23, 2014 by Gonzalo Contreras

MACACOS

dom

Dom Hemingway es Jude Law. O mejor dicho, Jude Law es Don Hemingway. Porque si hay algo que destaca en el irreverente y malsonante film de Richard Shepard (director del emotivo documental Descubriendo a John Cazale) es la interpretación, absolutamente histriónica, del actor británico.

El intérprete de Cold Mountain, con varios kilos de más por exigencias de guión, se mueve como pez en el agua bajo la piel de este desaliñado a la par que “elegante” ladrón de punta en blanco. Tras pasar doce años entre rejas, vuelve a las calles de Londres dispuesto a cobrar el dinero que sus superiores le deben por mantener la boca cerrada. Una serie de infortunios (a cada cual más surrealista) hará que retome una vida de éxtasis y desenfreno, poniendo en peligro la relación que tiene con su hija, ya de por si deteriorada.

domTodo el metraje, de escasos (y agradecidos) noventa minutos, gira en torno al personaje principal, bordado a la medida exacta del actor. Descarado, cínico, provocador. Lo que se dice un vividor nato, amante de las mujeres, el alcohol y las juergas intempestivas. Tan burdo como carismático, un antihéroe de inconfundible atractivo de cara a la cámara.

La película destaca en los momentos de mayor blasfemia e incluso en otros más sugerentes, como la reunión de “macacos” con sus rostros expuestos en las paredes. Lástima que la mezcla de géneros y de historias no acabe de compenetrarse en su justa medida, difuminándose la gracia prometida en los primeros minutos. Un elemento visible en el último tramo, bastante inofensivo y con un desenlace acomodado a la comedia inglesa más comercial y aséptica.