Archivo para Ruth Wilson

SUITE FRANCESA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , on mayo 5, 2015 by Gonzalo Contreras

AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS

SUITE 2

El academicismo que tanto encandila a los controvertidos hermanos Weinstein, productores estrella de Hollywood famosos por su implicación desmedida en los proyectos que financian y por sus temidos remontajes (al mayor se le conoce como Harvey “manostijeras”), se palpa en cada una de las secuencias que componen SUITE FRANCESA, enésimo intento de resucitar las love story germinadas bajo la devastación del sinsentido bélico, está vez tomando como punto de partida el exitoso best-seller homónimo de Irène Nemirovsky. Su elegante producción y la ambientación, de irreprochable buen acabado estético, y unas contundentes interpretaciones, principalmente del bando femenino, son las mejores armas de una producción lastrada por un grave inconveniente: su extrema y áspera frialdad.

SUITENi el peso de su historia, mil veces vista, ni el acaramelado affair de los protagonistas, con cierto hedor al folletín más anticuado, traspasan en ningún momento la gran pantalla. Falta pasión, emotividad y, cómo no, una mayor solidez narrativa. De esta forma, persiste la sensación de asistir a un nuevo ejemplo de adaptación diseñada para arrasar en los más eventos cinematográficos más populares, cuidada hasta el más mínimo detalle salvo, quizá, el más importante: el alma de la propia obra.

LOCKE

Posted in Críticas (Estrenos), Próximamente with tags , , , , , , , , on julio 27, 2014 by Gonzalo Contreras

CURVAS Y BIODRAMINALocke

El estilismo como ejercicio cinematográfico, y el poder de la imagen como punto focal de la narración. Es la definición instantánea que me viene a la mente después de recorrer junto a Ivan Locke las nocturnas carreteras de la ciudad y, de paso, las de su propia mente (también, bastante sombrías). Steven Knight, guionista de la notable Promesas del este, se propone estrujar nuestro estómago, remover las tripas y demostrar cómo podemos ser protagonistas, con un simple giro a la derecha, del thriller más claustrofóbico y visceral de nuestras vidas, y sin salir de un lujoso BMW de categoría familiar. Toda un experiencia.
Sentimos en nuestro propio pellejo la angustia existencial del protagonista, un hombre extremadamente controlador que, de la noche a la mañana, verá truncada su vida por un desliz del pasado. En pocos minutos, todos sus logros, familiares y laborales, se derrumbarán como la zona que tenía previsto demoler al día siguiente, mientras las sombras del pasado, siempre en cuarentena, acechan en el asiento de detrás.

LockeTom Hardy aprovecha al máximo un vehículo destinado a su lucimiento, metafórica y literalmente hablando. Sus nervios y esa ira indefinible que va supurando en piel calan en un espectador que pide a gritos salir del coche, expulsar dióxido y respirar aire fresco. Una incómoda sensación potenciada por el virtuosismo plástico del film, soberbio, caracterizado por la constante fusión del rostro del actor con las mareantes autopistas que transita.

Como suele ocurrir en este tipo de propuestas tan minimalistas, durante el trayecto uno se pregunta si el envoltorio disfraza en demasía un argumento más simple de lo que parece, y si algunos de los soliloquios recitados por nuestro protagonista, sobre todo los más freudianos (innecesariamente explícitos), no están de más. Pero poco importa; el experimento físico está por encima del carácter fílmico y, como tal, convence. Con LOCKE ha nacido una nueva obra de culto.