Archivo para Steven Spielberg

READY PLAYER ONE

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on marzo 26, 2018 by Gonzalo Contreras

LA MAGIA INTRÍNSECA DE LOS OCHENTA

Es una realidad palpable, imposible de cuestionar: los ochenta están de moda. Las hombreras imposibles, los pelos eléctricos, la música reinante en los bailes de fin de curso, para muchos banda sonora de toda una vida, las gigantescas hamburguesas acompañas de batidos de chocolate y las máquinas recreativas, preludio del universo cibernético que estaba por venir, siguen causando auténtico furor entre los jóvenes nacidos o amamantados en los albores de esta década prodigiosa. No es de extrañar, por tanto, que todo su imaginario cinematográfico, el arte que mejor ha expuesto su desinhibida filosofía, dominado por extraterrestres de galaxias lejanas, viajes interestelares, juergas de instituto fundadas bajo los últimos coletazos del american graffiti y la exaltación de los valores intrínsecos de la amistad verdadera, haya traspasado las barreras del tiempo e influya, hasta extremos impensables, en los códigos de la industria contemporánea.

Si alguien entiende la vorágine de estos sentimientos, capaces de nublar la percepción crítica por aspectos puramente evocadores, ese es Steven Spielberg. Promotor y artífice de sus más evidentes señas de identidad, tanto en su faceta de productor (Poltergeist, Los goonies, Gremlins) como en su oficio de realizador, dirigiendo algunos de los largometrajes claves de nuestra infancia cinéfila, el cineasta recupera el espíritu inequívocamente pop de sus celebradísimos proyectos de entretenimiento en READY PLAYER ONE, adaptación libre de la novela homónima escrita por Ernest Cline. De hecho, más que filmar un arquetípico homenaje a los felices años ochenta, ha compuesto, directamente, una película que nace de las mismísimas entrañas de la época más nostálgica del celuloide (en otras palabras, lo que pretendía atrapar la sobrevalorada Súper 8 y nunca llegó a alcanzar). E intencionadamente o no, y sin que sirva de precedente, la mejor muestra de lo que el universo virtual puede ofrecer en pantalla grande.

Para ello, no duda en reproducir, con todas sus secuencias, y asumiendo unos riesgos más peliagudos de lo que la simpleza de su argumento deja entrever, los mandamientos fundacionales de este subgénero en sí mismo: implantar en la historia más corazón que cerebro, buscando una disonancia entre la luminosidad de sus efectos visuales, en verdad hipnóticos, y la oscuridad de la distopía presentada; subrayar la amalgama de emociones y aventuras con una banda sonora de proporciones épicas y de evidentes reminiscencias melancólicas (orquestada por Alan Silvestri, pupilo de Robert Zemeckis); y, como no podía ser de otra manera, enfatizar la moraleja final a través de una mirada cándida y condescendiente, manifiestamente reiterativa y virginal, implantando para ello las dosis justas de almíbar que toda producción de aquellos años que se precie debía poseer (aun a riesgo de resultar involuntariamente kitsch).

¿El resultado de semejante hazaña? Un abrumador torbellino de imágenes tan anárquico como fascinante, rico en referencias audiovisuales añejas, de ritmo trepidante y poseedor de algunas escenas que pasarán, por derecho propio, a la antología del cine coetáneo (la carrera de bólidos o el homenaje a Kubrick, magistral sketch aislado con la suficiente trascendencia como para rasgar las lágrimas más sinceras del que esto suscribe). Y como premio final, el rey Midas, a sus setenta y un años, consigue un doble e insólito triunfo propio de su inconmensurable talento: congregar a las nuevas generaciones, entusiastas de esta tendencia gracias al boca-oreja de sus mentores cinéfilos, y a todos aquellos que, desde tiempos inmemorables, llevamos la esencia de la temática en nuestras venas.

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LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , on enero 14, 2018 by Gonzalo Contreras

LAS DEFICIENCIAS DEL SISTEMA

A sus setenta y un años, Steven Spielberg sigue siendo uno de los amuletos imprescindibles de la industria hollywodiense. De hecho, pocos directores pueden presumir de tener una carrera fermentada a lo largo de cinco décadas poseyendo, en todas ellas, al menos dos obras (siendo modestos) capaces de arañar la majestuosidad del séptimo arte. Artífice de algunas piezas imprescindibles en la adolescencia del gran público, llámense, según la generación, E.T, Jurassic Park o la atemporal Tiburón, el tratamiento formal y argumentativo de sus primeros trabajos, revolucionarios en sus formas, pioneros en las reformulaciones de la cinematografía comercial de los años ochenta y capaces de atrapar la magia del Peter Pan que todos llevamos dentro, contrasta con una trayectoria posterior, más posicionada en la madurez, brillante en su recuperación del lenguaje audiovisual imaginado por los soñadores de la vieja escuela, convirtiéndose, para regocijo de los más cinéfilos y desagrado de los modernistas, en el último refugio (junto con autores como Eastwood, ahora de capa caída) del cine clásico estadounidense.

Más que visualizar un relato de espionaje con los susodichos papeles como protagonistas (al más puro estilo Todos los hombres del presidente o la reciente Spotlight), Spielberg, en LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO, retrata el auge, años antes de la sonora investigación conducida por Bob Woodward y Carl Bernstein sobre el caso Watergate, del periódico The Washington Post (comúnmente conocido como The Post, título original del largometraje), un diario local de segunda que encontró, para disgusto de la Administración Nixon, una bomba de oxígeno gracias a la publicación de información clasificada (y lamentable) sobre la guerra de Vietnam. Como no podía ser de otra manera, el cineasta detalla esta historia real, apasionante desde el punto de vista periodístico y cinematográfico, con su habitual distinción y sabiduría épica, retomando su consabida narrativa de corte tradicional, ausente de grandilocuencias y pulcra en la descripción, e imprimiendo un sentido del espectáculo rebosante de una emoción que ya quisieran reflejar muchas promesas actuales del celuloide. Y para remarcar ese halo de cine de otra época, se reserva una inteligentísima jugada maestra: juntar por primera vez en pantalla a Meryl Streep y Tom Hanks, dos de los exponentes más respetados y carismáticos de la cultura contemporánea, para dar vida a estos sagaces héroes de la información. La empatía, lógicamente, se hace abrasiva desde el primer encuentro.

Maravillosamente filmada con una estética puramente setentera, plagada de zooms y acorde con el oscurantismo de los tiempos que corren, y culminada con un revelador epílogo que bien podría funcionar como precuela de la obra maestra de Alan J. Pakula, Los archivos del Pentágono no solo es una entretenidísima plasmación de los tejemanejes políticos y las deficiencias del sistema democrático estadounidense (significativos, una vez más, los montajes paralelos de las promesas de los presidentes, de diferente índole política, y sus aprobaciones posteriores); también, un magnífico y sentido homenaje a la prensa escrita, al aroma a tinta que respiran las páginas en papel, a un tiempo que se muere y en el que la búsqueda de la verdad acababa prevaleciendo sobre la frivolidad y el amiguismo presente en los despachos de los rotativos.

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on diciembre 2, 2015 by Gonzalo Contreras

EL RETORNO DEL REY MIDAS

puente espias 3

Hubo una época en la que Steven Spielberg era considerado, por muchas razones, el cineasta por antonomasia del panorama cinematográfico. Si un proyecto estaba acompañado de su firma, aunque fuera en calidad de productor, los cines se llenaban hasta la última butaca. Los años setenta fueron su presentación (El diablo sobre ruedas) y, antes de terminar la década, su total consagración (Tiburón, Encuentros en la tercera fase); los ochenta, la cúspide de su filmografía (E.T, Indiana Jones); y los noventa, el reconocimiento, bastante tardío, de la crítica más severa (La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan). No obstante, fue finalizar su díptico sobre la 2º Guerra Mundial y dejar a un lado la maestría que impregnaba la mayoría de sus obras. Comedias ligerísimas (Atrápame si puedes), dramas históricos interminables (Amistad) y, lo más sangrante, aventuras asépticas y descafeinadas (La guerra de los mundos, El reino de la calavera de cristal) empezaron a engrosar su nueva etapa, más sobria y comprometida, pero carente de la magia visceral de antaño.

El puente de los espíasPor ello, resulta reconfortante comprobar cómo, con EL PUENTE DE LOS ESPÍAS, Spielberg vuelve a sus raíces más profundas. La historia real del abogado y padre de familia James Donovan, una especie de Atticus Finch defensor de las causas perdidas, elegido por la CIA para negociar la liberación de un prisionero estadounidense en plena Guerra Fría, le sirve para tejer un apasionante relato deudor del mejor celuloide propagandístico hollywoodiense, regalándonos un ejercicio de puro cine clásico; el pausado, el que va cogiendo fuerza hasta liberar la emoción en los momentos clave, esos que diferencian la excelencia de la eficiencia. Qué planos, qué realización, qué dominio de la narrativa tan formidable.

En la primera hora, Spielberg, auténtico creador de atmósferas, nos sumerge en la locura anticomunista experimentada por EEUU en los años cincuenta y culminada con la famosa caza de brujas de McCarthy. El terror a lo desconocido se masca en un país refugiado en su bandera estrellada. Como ejemplo, la prodigiosa escena en la que el juez entra en la sala penal para, acto siguiente, encontrarnos en un aula escolar con los alumnos jurando el estandarte, mamando desde pequeños los ideales patrióticos. A partir del ecuador, el miedo adquiere forma. Las tornas cambian y contemplamos otro paisaje: el de la heladora Alemania Oriental, el del caos, el escenario del auténtico sinsentido. Tom Hanks y Mark Rylance, guía “turístico” y prisionero de este viaje respectivamente, se comen a bocados cada plano de la película, ofreciendo un antológico tour de force como hacía mucho tiempo que no se recordaba.

Cine de antaño trasladado a tiempos modernos, de ese que ha quedado arrinconado entre tanta magnificencia y producción frenética, El puente de los espías recoge la esencia del mejor Spielberg. Una obra extraordinaria, épica, humanista, con una media hora final inolvidable, un deleite para todos aquellos que añorábamos la época dorada del Rey Midas de Hollywood. Por suerte, ha regresado. Y por la puerta grande.

JURASSIC WORLD

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on junio 12, 2015 by Gonzalo Contreras

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

JURASSIC WORLD

Intento de resucitar la millonaria franquicia que iniciara, allá por principios de los noventa, el Rey de Midas Steven Spielberg con la mítica (y extraordinaria, pese a quien le pese) Jurassic Park. Si bien es respetuosa con el material de partida, y bajo la falsa apariencia de producción sin pretensiones, el nuevo parque trata de ser más grande, pirotécnico y emocionante que la primera entrega sin conseguir ni uno solo de los objetivos marcados. Por contra, acaba resultando aparatosa y previsible hasta extremos preocupantes (vale que el factor sorpresa esté perdido, pero eso no se quiere decir que no se pueda apostar, aunque sea un poquito, por la originalidad y el riesgo).

JURASSIC WORLD 2Con una primera hora inestable, a ratos soporífera, cargadísima de un sentimentalismo propio de las producciones del peor Chris Columbus, la película coge (algo) de oxígeno a partir del ecuador, a pesar de adoptar un enfoque totalmente desaprovechado, centrando la acción en un único depredador en lugar de permitir que el entorno jurásico cobre vida. La mejor secuencia llega en forma de homenaje a la cinta original: aquélla en que la que los dos hermanos, como si fueran arqueólogos principiantes (representando, quizá, el niño que una vez fuimos a ojos de Spielberg), descubren las ruinas del primer parque, acompañados por la inolvidable partitura de John Williams. Un pequeño momento de enorme magia, la misma que se echa falta en el resto de película.