Archivo para Taron Egerton

ROCKETMAN

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on mayo 29, 2019 by Gonzalo Contreras

EMPIEZA EL ESPECTÁCULO

Durante los años setenta, y gracias a cineastas como Ken Russell, Brian De Palma o Norman Jewison, el género musical abordó nuevos conceptos estéticos y narrativos fuera de los cánones propios del Hollywood clásico. Drogas, sexo, rock & roll o el mismísimo espíritu hippie se mezclaban en un cóctel cinematográfico, a veces reivindicativo, otras puramente comercial, fruto de los aires de cambio que respiraba la sociedad de la época y, por ende, la propia industria audiovisual. Sin duda, el rey de la temática fue el coreógrafo y realizador Bob Fosse, por aquel entonces eminencia indiscutible en los escenarios de Broadway. Primero, con Cabaret, monumental aproximación a los pecaminosos ambientes nocturnos de un Berlín en pleno ascenso del fascismo; y siete años más tarde, con su obra maestra Empieza el espectáculo, una película menos celebrada entre el gran público, precisamente, por su sordidez, salvajismo y ruptura con los estandartes tradicionales.

El ocaso de un famoso coreógrafo musical, álter ego del propio director, servía a Fosse para componer, con ciertas reminiscencias al Ocho y medio de Fellini, un triste y demoledor retrato sobre el oscuro universo de decadencia y entrega que se esconde más allá de las bambalinas. Y esa estructura autodestructiva, en donde el protagonista se enfrenta cara a cara con sus miedos, adicciones, vicios y e incluso a la propia muerte, es aprovechada por el director Dexter Fletcher en su esperadísima ROCKETMAN, un producto lejos de las pretensiones y la carga autorial del show de Fosse pero con la suficiente audacia y potencia como para convertirse en una obra mayor, de contagiosa rebeldía y fuerza escénica.

A diferencia de la también espléndida Bohemian Rhapsody, cinta finiquitada por el propio Fletcher tras los escándalos sexuales de su realizador inicial, Bryan Synger, y con la que únicamente comparte su condición de biopic, Rocketman ahonda en la vida del cantante Elton John describiendo, sin ningún tipo de complacencia, las sombras que persiguieron durante varias décadas al artista, sus traumas infantiles, los excesos con todo tipo de estupefacientes y el miedo a que su homosexualidad trascendiera a la opinión pública. Y la propuesta, brillantemente hilvanada hacia un final terapéutico, se celebra por dos factores íntimamente ligados: la interpretación de Taron Egerton, viva imagen del maestro de ceremonias tanto en su faceta mímica como melódica; y su capacidad de capturar, por medio de sus apuntes oníricos y divertidamente psicodélicos, la magia de las letras de las canciones (casi todas prodigiosas) en la gran pantalla.

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KINGSMAN: EL CÍRCULO DE ORO

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , on septiembre 21, 2017 by Gonzalo Contreras

ENÉRGICA ACTUALIZACIÓN DE LA SAGA

Éxito indiscutible de 2015, Kingsman: Servicio secreto proponía, sobre el papel, una sugestiva vuelta de tuerca al universo cinematográfico protagonizado por el agente 007, exaltando para ello los elementos definitorios de la saga (espías modélicos, gadgets imposibles, villanos megalómanos con ansias de liquidar la Tierra) y regalando al actor Colin Firth uno de esos papeles que demuestran que, además de buen intérprete, sabe pasárselo bien delante de las cámaras. Vestido de punta en blanco, con gafas de pasta y paraguas multiusos, su actuación era lo mejor de una película innegablemente efectiva, provista de grandísimas intenciones pero demasiado dependiente de sus modelos de referencia, que optaba equivocadamente por saturar la función con cantidades ingentes de ingredientes tarantianos (o lo que es lo mismo, hemoglobina a borbotones) con el fin de contentar a las nuevas y poco cinéfilas generaciones.

En KINGSMAN: EL CÍRCULO DE ORO hay más acción, más cameos de rostros populares del celuloide (algunos, como Halle Berry, pertenecientes al mundo Bond), más música evocadora al servicio de imposibles momentos acrobáticos. Lo curioso es que, lejos de empachar e invocar el fantasma del déjà vu, supera a su predecesora al desligarse de las raíces que hicieron germinar la primera entrega. El homenaje al agente creado por Ian Fleming persiste (la escena en las cumbres montañosas, toda una delicia para el fan acérrimo) pero sin que ello entorpezca los nuevos cauces marcados, prevaleciendo la parodia y la actualización teen del subgénero de espías como núcleos primordiales de la narración. Independizándose de sus fuentes y añadiendo nuevos conceptos a la aventura (el contraste entre el refinamiento británico y la tosquedad yanqui), la cinta adquiere su verdadera identidad: un blockbuster enérgico, moderno dentro de su empaquetado puramente kitsch y de ritmo colérico, sin más pretensiones que la de entretener al gran público a base de fuegos artificiales y estiradísimas batallas campales.

Salvo en una secuencia emocional que no desvelaremos (al son de una preciosa melodía country himno en tierras de Virginia Occidental), aquí no hay tiempo para gimoteos, ni dramas, ni operetas trágicas. Solo hay cabida para la acción más alocada, hilarante y desenfrenada. Y si a esto le añadimos a una villana de altura, interpretada por una adorablemente diabólica Julianne Moore (más que actuar, parece una niña disfrutando de las atracciones de un parque temático), y la participación estelar de Elton John, embutido en su característico y setentero traje de plumas y experto en artes marciales (sí, han leído correctamente), tenemos un fin de fiesta veraniego de lo más excitante. Y adictivo.

EDDIE EL ÁGUILA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on junio 6, 2016 by Gonzalo Contreras

PASIÓN POR EL TRIUNFO

Eddie el Águila

El cine familiar americano de los ochenta, fomentado en la fórmula bienintencionada de Steven Spielberg, incuestionable precursor del mismo, era un celuloide puramente evasivo y libre de complejos, de un conservadurismo declarado (como bien marcaba la época Reagan), tan benévolo y efectista que sólo en contadas ocasiones contó con el beneplácito de la crítica más exigente. No obstante, lo que los más estrechos de mente (quizá con razones más objetivas de las que nos gustaría reconocer, dicho sea de paso) percibieron como un estilo burdo y condescendiente, el público de entonces le demostró una fidelidad que ha traspasado la propia línea del tiempo. De hecho, la nostalgia más cinéfila y arraigada de las nuevas generaciones de críticos se traslada, paradójicamente, a esos años tan repudiados por el gremio.

Eddie el Águila 2Basada en la historia real del británico Michael Edwards, saltador de esquí e icono deportivo de la época, más por razones empáticas que triunfales, EDDIE EL ÁGUILA recupera la característica básica que imperó en este tipo de cine durante la década prodigiosa: con esfuerzo, tesón y confianza se puede llegar a conseguir cualquier meta que uno se proponga. El director Dexter Fletcher, acostumbrado a platos cinematográficos poco espesos (Amanece en Edimburgo), presiona inteligentemente todas las teclas pertinentes enfatizando, como antaño, la épica de la historia a través de unos personajes altamente carismáticos (a los que dan vida Taron Egerton y Hugh Jackman, tan pasados de rosca como enternecedores) y de una excepcional música con claras reminiscencias a otro mito de aquellos años, la melancólica e inolvidable St. Elmo, punto de encuentro, con la evidente intención de recibir el ansiado y efusivo aplauso final. Y he aquí la proeza: lejos de saturar e invocar el temido déjà vu, consigue infundir una naturaleza contagiosa y vitalista, probando que ligereza no siempre es sinónimo de simpleza. Carne de cañón en tiempos de videoclubs, Eddie el águila supone un retorno a ese cine desenfadado, cómplice y (en el buen sentido) endulzado que marcó a toda una generación. Es, dicho de otro modo, auténtico entretenimiento familiar, el más emocionante y sí, el más ochentero.