Archivo para Tom Holland

SPIDER-MAN: HOMECOMING

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , , , , on julio 27, 2017 by Gonzalo Contreras

LOS JÓVENES AÑOS DE UN SUPERHÉROE

Regresa Spider-Man. Sí, otra vez. Y sí, nuevamente, en un largometraje que repasa los primeros e impetuosos años, su idiosincrasia juvenil y la posterior construcción de la personalidad que forjará su leyenda, sin por ello perder su feliz y cándido ideario adolescente. Con tan solo quince años de diferencia con la aventura de Sam Raimi (con toda seguridad, el cineasta que mejor ha comprendido, en su vertiente juvenil y épica, al hombre arácnido) y tres desde su última aparición en la convincente y romántica entrega con aires de novela gráfica The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro, el director Jon Watts retoma el personaje creado por Stan Lee como pieza clave en la colisión final de los emblemas más carismáticos de la compañía Marvel, ya anticipada en la (que me perdonen los fans por la infamia) sobrevalorada Capitán América: Civil War.

La desolación y las variantes traumáticas examinadas por Sam Raimi y Marc Webb quedan relegadas en favor de la comedia y la luminosidad en SPIDER-MAN: HOMECOMING. Siempre desenfadada y liberada de ambiciosas intenciones, funciona estupendamente en sus originalísimos juegos metacinematográficos (incluyendo un tronchante guiño al submundo del “found footage”) y en su celebración de la época estudiantil como la edad de oro del venerado superhéroe. Tom Holland, sensacional en su papel, rescata con su atolondrado comportamiento el atractivo, la rebeldía y el carácter extrovertido y trufado de hormonas desenfrenadas de los míticos quinceañeros perpetrados por la mirada de John Hughes. De hecho, la propia película es un homenaje a sus novatadas cinematográficas, a la exaltación de la escuela como lugar de conflictos, pero también como refugio último de los perdedores.

No obstante, el film, de una duración desproporcionada (nada menos que dos horas y diez minutos), adolece de los problemas de fábrica presentes en el subgénero reciente. Enseguida aparecen en escena el esquema arquetípico de estas producciones, los villanos de latón y sus tramas criminales descafeinadas y la irremediable y peligrosa sensación de déjà vu, efecto resultante de la saturación marvelita sufrida en los últimos años. Por suerte, el buen hacer de su realizador y de los intérpretes, pletóricos en participar en este juego de niños, unido al mencionado y siempre agradecido regusto ochentero, consiguen transformar esta nueva resurrección en un espectáculo limpio, simpático y de contagiosa vitalidad.

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Z, LA CIUDAD PERDIDA

Posted in Críticas (Estrenos) with tags , , , , , , , , , , on mayo 1, 2017 by Gonzalo Contreras

EXPLORANDO LO INEXPLORABLE

En, quizá, la escena más conmovedora de El hombre que pudo reinar, Sean Connery, tras ser descubierto como un falso dios, es conducido por sus súbditos a un puente desde el que será arrojado al abismo. En un extremo del mismo y también apresado, Michael Caine, compañero de fatigas, amigo y casi hermano, espera el fatal desenlace. La muerte acecha inminente, pero Connery, provisto de su traje y corona de rey, empieza a canturrear una vieja melodía irlandesa. Habla de reyes, de glorias, de honores, de espíritus libres. Su fiel escudero, con una emoción latente en los ojos, se suma al cántico con determinación. No hay tiempo para la tristeza, solo para la resignación. En la memoria, tan solo brillan las batallas épicas, los días de vino y rosas y la certeza de una existencia plenamente vivida por dos pícaros, como así orgullosamente se denominaban, que un día juraron convertirse en intrépidos aventureros. Y a fe que lo consiguieron.

La frase “En este momento no me cambiaba ni por el mismísimo Virrey si tuviera que olvidar mis recuerdos” resumía, con gran atino, la esencia de una película que, en plenos años setenta, justo cuando directores como Spielberg, Lucas o Scorsese proponían nuevas ramas expositivas a la cinematografía, daba un golpe sobre la mesa en favor de la epopeya más pura y tradicional. Con idénticos intereses, Z, LA CIUDAD PERDIDA, biografía de Percy Fawcett, oficial británico con el corazón dividido entre el amor que procesa a su familia y el que siente hacia Los nuevos mundos de Sudamérica, rescata el fantasma de un celuloide impensable en los tiempos que corren, rebosante de romanticismo y evocación, rememorando brillantemente el espíritu desmitificador (y crítico) de John Huston, el exotismo de Kipling (a quien se homenajea con un precioso poema), la psicología obsesiva e irreal de Herzog (la ópera en pleno pasaje selvático) y, en definitiva, la belleza implícita en el mejor cine de aventuras.

Modélica en su conjunto, sin imposiciones visuales propias de la ficción contemporánea e interpretada brillantemente por Charlie Hunnam y Robert Pattinson, camaradas de viaje y anhelos, esta extraordinaria cinta es, como la obra maestra de Huston, un sentido homenaje a los héroes derrotados, a los grandes exploradores que, con más ambición que fortuna, soñaron con quiméricos lugares por descubrir y cuyas hazañas, quién sabe por qué, quedaron un día relegadas al olvido. Tanto histórica como cinematográficamente.

LOCKE

Posted in Críticas (Estrenos), Próximamente with tags , , , , , , , , on julio 27, 2014 by Gonzalo Contreras

CURVAS Y BIODRAMINALocke

El estilismo como ejercicio cinematográfico, y el poder de la imagen como punto focal de la narración. Es la definición instantánea que me viene a la mente después de recorrer junto a Ivan Locke las nocturnas carreteras de la ciudad y, de paso, las de su propia mente (también, bastante sombrías). Steven Knight, guionista de la notable Promesas del este, se propone estrujar nuestro estómago, remover las tripas y demostrar cómo podemos ser protagonistas, con un simple giro a la derecha, del thriller más claustrofóbico y visceral de nuestras vidas, y sin salir de un lujoso BMW de categoría familiar. Toda un experiencia.
Sentimos en nuestro propio pellejo la angustia existencial del protagonista, un hombre extremadamente controlador que, de la noche a la mañana, verá truncada su vida por un desliz del pasado. En pocos minutos, todos sus logros, familiares y laborales, se derrumbarán como la zona que tenía previsto demoler al día siguiente, mientras las sombras del pasado, siempre en cuarentena, acechan en el asiento de detrás.

LockeTom Hardy aprovecha al máximo un vehículo destinado a su lucimiento, metafórica y literalmente hablando. Sus nervios y esa ira indefinible que va supurando en piel calan en un espectador que pide a gritos salir del coche, expulsar dióxido y respirar aire fresco. Una incómoda sensación potenciada por el virtuosismo plástico del film, soberbio, caracterizado por la constante fusión del rostro del actor con las mareantes autopistas que transita.

Como suele ocurrir en este tipo de propuestas tan minimalistas, durante el trayecto uno se pregunta si el envoltorio disfraza en demasía un argumento más simple de lo que parece, y si algunos de los soliloquios recitados por nuestro protagonista, sobre todo los más freudianos (innecesariamente explícitos), no están de más. Pero poco importa; el experimento físico está por encima del carácter fílmico y, como tal, convence. Con LOCKE ha nacido una nueva obra de culto.